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¿Vacaciones? Luce figura con nuestro Plan de CHOQUE

¿Te incomoda quitarte la ropa este verano? ¿Se te ha echado el tiempo encima?

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· Fecha tope para iniciar el tratamiento contratado: 18 de septiembre de 2019.
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Sobre el insomnio…

Todos en algún momento de la vida sufrimos insomnio. De hecho, el insomnio puede ser el problema principal o puede estar asociado con otras afecciones.

El insomnio crónico suele ser consecuencia del estrés, los acontecimientos de la vida o los hábitos que alteran el sueño. El tratamiento de la causa preexistente puede resolver el insomnio; sin embargo, a veces, este problema puede durar años.

CAUSAS MÁS FRECUENTES
• Estrés. Las preocupaciones relacionadas con el trabajo, la escuela, la salud, las finanzas o la familia pueden mantener la mente en actividad durante la noche, lo que dificulta el sueño. Los acontecimientos estresantes de la vida o los traumas, como la muerte o la enfermedad de un ser querido, un divorcio o la pérdida de un trabajo, también pueden causar insomnio.

• Viajes u horarios de trabajo. Los ritmos circadianos actúan como un reloj interno y regulan el ciclo circadiano, el metabolismo y la temperatura corporal. La alteración de los ritmos circadianos del cuerpo puede causar insomnio. Las causas abarcan el desfase horario por los viajes a través de varias zonas horarias, el trabajo en turnos de tarde o de mañana, o el cambio de turno con frecuencia.

• Malos hábitos de sueño. Los malos hábitos de sueño incluyen los horarios irregulares de acostarse, las siestas, las actividades estimulantes antes de acostarse, un entorno de sueño incómodo y el uso de la cama para trabajar, comer o mirar televisión. El uso de computadoras, televisores, videojuegos, teléfonos inteligentes u otras pantallas antes de acostarse pueden afectar el ciclo del sueño.

• Alimentación en exceso en la noche. Está bien ingerir un tentempié liviano antes de acostarse, pero comer en exceso puede causarte molestias físicas cuando estás acostado. Muchas personas también tienen acidez estomacal, el flujo retrógrado de ácido y comida que va desde el estómago hasta el esófago después de comer, lo que puede mantenerte despierto.

Además, el insomnio crónico puede estar asociado con enfermedades o con el uso de determinados fármacos. El tratamiento de la enfermedad puede ayudar a mejorar el sueño, pero el insomnio puede persistir después de la mejoría de dicha enfermedad.

OTRAS CAUSAS FRECUENTES
• Trastornos de salud mental. Los trastornos de ansiedad, como el trastorno por estrés postraumático, pueden alterar el sueño. Levantarse muy temprano puede ser un signo de depresión. Con frecuencia, el insomnio ocurre también junto con otros trastornos de salud mental.

• Medicamentos. Muchos fármacos recetados pueden afectar el sueño, por ejemplo, ciertos antidepresivos y medicamentos para el asma o la presión arterial. Muchos medicamentos de venta libre, como algunos analgésicos, medicamentos para la alergia y el resfriado, y los productos para adelgazar, contienen cafeína y otros estimulantes que pueden alterar el sueño.

• Afecciones. Los ejemplos de afecciones relacionadas con el insomnio incluyen el dolor crónico, el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardíacas, el asma, la enfermedad del reflujo gastroesofágico, el hipertiroidismo, la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer.

• Trastornos relacionados con el sueño. La apnea del sueño produce pausas respiratorias periódicas durante la noche, lo que interrumpe el sueño. El síndrome de las piernas inquietas produce sensaciones poco agradables en las piernas y un deseo casi irresistible de moverlas, lo que puede impedir conciliar el sueño.

• Cafeína, nicotina y alcohol. El café, el té, las bebidas cola y otras bebidas con cafeína son estimulantes. Beberlas a última hora de la tarde o de la noche puede impedirte que concilies el sueño nocturno. La nicotina de los productos de tabaco es otro estimulante que puede afectar el sueño. El alcohol puede ayudarte a conciliar el sueño, pero impide que se alcancen las fases del sueño más profundas y, a menudo, hace que te despiertes en medio de la noche.

INSOMNIO Y ENVEJECIMIENTO
El insomnio se vuelve más frecuente con la edad. A medida que envejeces, tal vez tengas lo siguiente:

• Cambios en los patrones de sueño. A medida que envejeces, el sueño suele volverse menos tranquilo; por lo tanto, es más probable que los ruidos y otros cambios en el entorno te despierten. Con la edad, el reloj interno con frecuencia se adelanta, de modo que te cansas más temprano por la noche y te levantas más temprano en la mañana. Sin embargo, por lo general, las personas mayores aún necesitan dormir la misma cantidad de tiempo que las más jóvenes.

• Cambios en la actividad. Es posible que estés menos activo desde el punto de vista físico o social. La falta de actividad puede interferir en el buen sueño nocturno. Además, cuanto menos activo estés, más probable es que tomes una siesta diurna, lo que puede afectar el sueño durante la noche.

• Cambios en la salud. El dolor crónico debido a afecciones como la artritis o los problemas de espalda, así como la depresión o la ansiedad pueden afectar el sueño. Los problemas que aumentan la necesidad de orinar durante la noche, como los de próstata o vejiga, pueden alterar el sueño. La apnea del sueño y el síndrome de las piernas inquietas se vuelven más frecuentes con la edad.

• Más medicamentos. Normalmente, las personas mayores toman más medicamentos recetados que las más jóvenes, lo que aumenta la probabilidad de tener insomnio asociado con los medicamentos.

INSOMNIO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
Los problemas para dormir también pueden ser un motivo de preocupación para los niños y los adolescentes. Sin embargo, algunos niños y adolescentes simplemente tienen dificultades para conciliar el sueño o se resisten a irse a dormir a un horario habitual porque sus relojes internos están más retrasados. Desean acostarse más tarde y dormir hasta más tarde por la mañana.

Si sufres insomnio y no consigues mejorar tu calidad de vida, podemos ayudarte. Infórmate en el teléfono 941245219 y valoraremos tu caso de forma totalmente GRATUITA y sin compromiso. ¡Comienza ya a mejorar tu calidad de vida!

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Tratamientos para grasa localizada…

Tal vez te encuentras con este problema: vas a la báscula y estás en tu peso, pero, sin embargo, acumulas grasa -muy rebelde en ocasiones- en una determinada zona de tu cuerpo. La grasa localizada es el enemigo a batir para muchas mujeres y hombres -incluso a las personas que son delgadas-, que se encuentran con que no necesitan perder kilos sino atajar el problema en esa área concreta, que pueden ser desde las cartucheras a las rodillas, pasando por brazos, abdomen… Hay diferentes tratamientos con los que podemos ayudarte en este caso, pero siempre sin olvidar que la combinación ganadora es: alimentación saludable + actividad física + tratamiento corporal.

Un abdomen plano
El primero de nuestra lista es nuestro tratamiento de Remodelación Corporal, una buena solución para la eliminación de grasa localizada de forma cómoda y sin dolor, que además nos permite reafirmar a la vez la piel, eliminando así el riesgo de flacidez. Es una solución completa para la remodelación no invasiva, que ofrece resultados permanentes en la destrucción de grasa localizada sin necesidad de recurrir al quirófano. Otra de sus ventajas es que es completamente indoloro, dejando el tejido circundante, los nervios y los vasos sanguíneos intactos, sin signos visibles del tratamiento. Este tratamiento combina técnicas como radiofrecuencia capacitiva/resistiva (INDIBA), ondas termodinámicas, etc. De esta forma, conseguimos la destrucción inmediata de tejido adiposo, ofreciendo resultados visibles en pocas sesiones y duraderos en el tiempo. Descubre lo cómodo que es este tratamiento pulsando AQUÍ.

¿En qué zonas se recomienda? Es una excelente alternativa para quienes acumulan grasa en la zona abdominal, pero además puede ayudarnos también en el área de los flancos, zona interior de rodillas, zona superior de rodillas, parte interna de muslos, zona de tríceps en los brazos, caderas, parte baja de glúteos, cintura o en el depósito de grasa bajo el tirante.

Objetivo: muslos
Es una de las zonas más rebeldes. Y hay que partir de que la cara interna de los muslos presenta principalmente dos problemas: por un lado, la presencia de un acúmulo de grasa y, por otro, ser una zona muy sensible a la pérdida de firmeza de la piel. Por eso, cualquier protocolo integral debe ir encaminado a reafirmar la piel. Se trata de una zona particularmente sensible, pues no dispone de muchas estructuras de soporte y se debe prestar especial atención a mantener un tono adecuado de los grupos musculares que se encuentran en esta zona. Aquí recomendamos trabajar la reafirmación de forma sinérgica y combinada. Para reafirmar la piel y combatir la flacidez, con nuestro tratamiento de ondas termodinámicas. Descubre sus ventajas pulsando AQUÍ.

¿Y las cartucheras?
Aquí buscamos un doble efecto: alisado de la celulitis y la reducción de la grasa localizada, gracias a la combinación de técnicas como mesoterapia, ondas termodinámicas y/o radiofrecuencia INDIBA, sin efectos secundarios ni contraindicaciones. Así conseguimos una mejora de la piel de naranja, la elasticidad, textura y firmeza de la piel. Además, reduce la circunferencia de muslos y cadera, el grosor de la capa grasa y el edema y activa la circulación.

El éxito de combinar varias técnicas
Cuando nos encontramos con pacientes que quieren perder la grasa localizada, generalmente apostamos por tratamientos personalizados combinando diferentes técnicas, según la casuística de cada paciente. Por eso, en Clínica Nutriestética valoramos cada caso de forma GRATUITA y sin compromiso. De esta forma, el Dr. Hernández aconsejará a cada paciente el tratamiento más adecuado, las técnicas a combinar, el número de sesiones recomendadas, y además resolverá dudas y confirmará que no existe ningún tipo de contraindicación (patologías previas, medicación, etc.).

¿Quieres mejorar tu salud y de paso tu imagen? Si la respuesta es SÍ, no esperes más e infórmate en el 941245219, WhatsApp 667273306 o mail: [email protected]

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¿Por qué no adelgazo?

Seguir una alimentación sana y equilibrada, moderando el número de calorías, y aumentar la actividad física suele ser suficiente para bajar de peso. Pero no siempre funciona. A veces la propia acción de ciertas hormonas en el organismo es la que pone “freno” al proceso de adelgazamiento.
O puede haber otros factores que estén obstaculizando la pérdida de peso, como te explicaremos a continuación.

Si no adelgazas, empieza haciendo autocrítica
Antes de buscar otras causas que pueden estar boicoteando tu dieta, conviene que analices si realmente estás siguiendo unas pautas correctas. Contestar a las siguientes preguntas te puede ayudar a averiguar los motivos de por qué no pierdes peso:

· ¿Sigues bien la dieta? A la hora de hacer una dieta de adelgazamiento, los pequeños detalles son más importantes de lo que crees. Por ejemplo, no seguir las recomendaciones del dietista-nutricionista al 100% puede echar por tierra cualquier dieta por eficaz que sea.

· ¿Eres constante? Empezar una dieta cada lunes o ponerse a régimen cada dos meses… es señal de que el problema está en los hábitos nutricionales y es necesario cambiarlos.

· ¿Haces deporte? Si tu intención es adelgazar, practicar algo de ejercicio a diario es tan importante como comer de forma saludable y en cantidades moderadas. Si hasta ahora has llevado una vida sedentaria, este puede ser el problema.

Otros factores que boicotean la pérdida de peso
Si has contestado “sí” a las tres preguntas anteriores, es decir, tu alimentación es sana y equilibrada, rica en frutas y verduras y baja en grasas y azúcares; sueles comer de esta forma habitualmente, con pocas excepciones; y practicas alguna actividad física con regularidad… y aun así no pierdes peso, puede que existan otras causas no estrictamente nutricionales.

Estas suelen ser las razones más frecuentes:
1. Genética
La herencia genética puede predisponerte a tener más dificultad para perder peso o mantener la línea.
Sin embargo, en ocasiones, el sobrepeso no se “hereda” por los genes, sino por ciertas conductas adquiridas. Y es que en algunas familias se suelen transmitir los malos hábitos alimentarios, y estos se comparten desde la infancia.

2. Medicamentos
Ciertos fármacos, como corticoesteroides, antidepresivos y anticonvulsivantes (antiepilépticos), pueden disminuir la velocidad a la que el cuerpo quema calorías, aumentar el apetito o favorecer la retención de líquidos.

3. Dejar de fumar
Algunas personas aumentan de peso cuando dejan de fumar. Uno de los motivos es porque la nicotina acelera la combustión de calorías. Por eso, al abandonar el hábito, el gasto calórico es menor.

4. Factores ambientales
Según los investigadores, existen ambientes obesogénicos, es decir, que estimulan la obesidad.
Por ejemplo, un estudio de la Universidad de California (EE. UU.) demostró que vivir en una zona con muchos anuncios de comida rápida en las calles aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso y obesidad.

5. Hipotiroidismo
En las personas que sufren este trastorno la glándula tiroides no produce suficiente tiroxina, una hormona que estimula el metabolismo basal.
Por eso, al disminuir, hace que el metabolismo sea más lento, es decir, el cuerpo consume menos calorías. Y esto conduce a una mayor tendencia a ganar peso o dificultad para perderlo.

6. Menopausia
Si te estás acercando a la menopausia y notas que el contorno de tu cintura va aumentando, lo más probable es que el aumento de peso sea consecuencia de los cambios hormonales que se están produciendo en tu cuerpo. Y es que durante el transcurso de la perimenopausia, el 75% de las mujeres suelen ganar entre 4 y 10 kilos.

7. Estrés crónico
Frente a la ansiedad, el cuerpo se defiende segregando una mayor cantidad de cortisol, que es una hormona de supervivencia que, entre otras funciones, estimula la producción de glucosa y ordena a las células que almacenen la mayor cantidad de grasa posible.
El aumento de esta hormona conduce a que, a la larga, el organismo tenga una menor respuesta ante ella. En consecuencia, aumenta aún más su producción, lo que provoca que aparezca un depósito de grasa, sobre todo en la zona del abdomen.

8. Dormir mal
Durante el descanso se liberan hormonas que controlan el apetito y el gasto energético. Cuando duermes el tiempo suficiente, entre 7 y 8 horas, se mantiene el equilibrio entre la grelina (hormona que genera sensación de estómago vacío) y la leptina (hormona que inhibe la sensación de hambre).
Sin embargo, la falta de sueño provoca que aumente la concentración de grelina y que disminuya la de leptina. ¿Resultado? Tras una mala noche, tienes más hambre. Y no solo eso, sino que además te apetecen alimentos con azúcar, como los dulces. Asimismo, el sueño también afecta a la glucemia: si duermes mal, tu cuerpo regula peor la glucosa.

Las dietas milagro te “devuelven” más kilos
Además de ser un riesgo para la salud –pueden causar problemas renales, cardiacos, y carencias nutricionales–, las llamadas dietas milagro, que prometen perder muchos kilos en poco tiempo y que suelen basarse en el consumo exclusivo de ciertos alimentos, provocan un “efecto rebote” o “efecto yoyó”. Tras abandonar la dieta, no solo se recuperan rápidamente los kilos perdidos, sino bastantes más.
Además del “efecto rebote”, una dieta restrictiva puede causar problemas renales o cardiacos.

Al someter al organismo a una fuerte restricción alimentaria y a una pérdida de peso muy rápida, este reacciona volviéndose ahorrador y economizando energía, es decir, se adapta a la escasez gastando menos calorías con el objetivo de no quedarse sin reservas.

Al dejar la dieta restrictiva y volver a tu alimentación habitual, como tu cuerpo está en plan ahorrativo y gasta menos, es cuando se produce el “efecto rebote”.

Por otro lado, la mayor parte del peso perdido con estas dietas corresponde a agua y masa muscular. En cambio, el que se recupera más tarde el organismo lo almacena en forma de grasa por si viene otra época de escasez.

En Clínica Nutriestética somos profesionales de la Nutrición y Dietética desde 1988. Infórmate sin compromiso en el 941245219.

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¿Por qué no me funciona la dieta?

El 75% de la población adulta ha intentado adelgazar en algún momento de su vida y un porcentaje similar de personas afirman que no están contentos con su cuerpo, según un informe de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo). El mismo estudio reveló que el sólo el 2% de las personas que empiezan una dieta consiguen perder peso.

¿Motivos? Varios:
1. Creer que se puede adelgazar muy deprisa. Realmente dedicamos poco tiempo a la dieta, y los hábitos se relajan rápidamente
2. No estamos ante algo matemático. No existe una fórmula que se pueda aplicar a todos los pacientes, sino que se debe adaptar a cada uno de ellos.
3. La mayoría de las dietas comienzan con un error de base: si queremos conseguir que la pérdida de peso sea real, hay que cambiar el enfoque. Es decir, las dietas son puntuales y sus efectos también lo son. Lo que debe plantearse una persona que quiere adelgazar es una reeducación alimentaria y modificación de su estilo de vida y ejercicio físico. Haz cambios, y mantenlos.

Como muy poco, pero no pierdo peso
La mayoría de las personas que han seguido o siguen una dieta, o se han propuesto adelgazar han pensado o dicho esta frase en alguna ocasión. ¿Por qué? También hay varias razones.
1. Realmente estamos comiendo más de lo que creemos.
2. El cuerpo adapta el metabolismo bajando el gasto energético como respuesta a una ingesta baja. Es un mecanismo de defensa para no malnutrirse y sobrevivir al hambre.
3. No se hace ejercicio y lo que está consiguiendo es balancear la ingesta y el gasto.

Quitar alimentos, pesar y medir lo que comemos, ¿funciona?
No resulta adecuado pautar dietas en las que el paciente tenga que pesar todo lo que come. Normalmente pesar todo resulta una tarea complicada y pesada para el paciente. Lo único que va a hacer es dificultar y desmotivar para continuar con el tratamiento. En Clínica Nutriestética tenemos comprobado que funciona mucho mejor trabajar en consulta con el concepto de medidas caseras, imágenes de tamaños de platos o trucos que ayuden a calcular la cantidad de alimento sin tener que pesar. Utilizando la medida de un yogur, o el método de la mano, por ejemplo.
Consejo: usar platos y cubiertos pequeños para evitar grandes cantidades y grandes bocados.

¿Qué alimentos quito de mi dieta?
Partiendo de que la alimentación debe ser variada y equilibrada, hay que eliminar los productos más calóricos: es decir, aquellos alimentos insanos, de alta carga energética y baja calidad nutricional como las grasas no saludables (grasas vegetales parcialmente hidrogenadas, aceite de palma y palmiste), azúcares simples añadidos o la sal. En general, no resultan recomendables los productos ultraprocesados como la bollería, la galletería, los snacks, los dulces, las bebidas y los lácteos azucarados, los embutidos, etc.

¿Qué pasa con las bebidas alcohólicas y el pan?
El alcohol aporta calorías vacías, es decir, energía a razón de 7 kcal por gramo de alcohol, sin nutrientes, lo que favorece la ganancia de peso. De hecho, el consumo de alcohol es una de las razones habituales por las que las personas no adelgazan.

¿Y el pan? ¿Tostado, blanco, integral, con semillas, en colines? ¿Son mejores las variedades secas del pan o el fresco?
La principal diferencia entre el pan tostado y el fresco está en la cantidad de agua. El pan tostado, al tener menos agua, tiene más cantidad de nutrientes calóricos (grasas, hidratos de carbono y proteínas) que el pan fresco.
La característica del pan que sí va a tener consecuencias sobre nuestra dieta va a ser que sea integral (con harinas integrales o cereal de grano entero) o blanco (con harinas refinadas). El pan integral, además de fibra, va a aportarnos más vitaminas, minerales y sustancias beneficiosas. Por otro lado, el contenido en fibra va aumentar la sensación de saciedad; así como aportará beneficios en cuanto al control de la glucosa y el colesterol, aspectos que pueden ser necesarios en pacientes que necesitan perder peso.
El pan es un hidrato de carbono que compite con la pasta, el arroz, las legumbres o las harinas. Si tomamos pan, deberíamos reducir estos alimentos.

¿Cómo podemos tener éxito con la dieta?
Aquí entra en escena la parte de “coaching nutricional”. Es decir, la aportación de la nutricionista que va más allá de la mera elaboración y prescripción de planes nutricionales. Hablamos de:

A. Motivación
Hay que estar motivado antes de empezar el régimen y mantener esa motivación durante todo el tratamiento. Para ello, con el apoyo y orientación de nuestra nutricionista:
• La persona debe fijarse un objetivo, responsabilizarse e implicarse. El objetivo tendrá que ser a medio-largo plazo y realista, ya que si marcamos metas imposibles (perder 10 kg en un mes, por ejemplo), sólo conseguiremos frustrarnos al no lograrlas.
• Una vez que tenemos fijado un objetivo a medio-largo plazo es recomendable ponerse pequeñas metas a corto plazo que nos vayan conduciendo a nuestro objetivo último. Ver cómo se van consiguiendo pequeños retos que uno mismo se ha propuesto aumenta la confianza.
Apoyarse siempre en Anabel o Tatiana (nuestras nutricionistas), para consensuar, identificar y priorizar los objetivos.
• Nadie es perfecto todos los días, a todas horas. No debemos castigarnos si un día no tomamos la mejor elección alimentaria. Perder peso y cambiar de hábitos es una carrera de fondo donde lo que marca el éxito va a ser lo que se haga como norma general.

B. No buscar ni esperar milagros
Perder el exceso de grasa acumulado, cambiar hábitos alimentarios, incrementar el nivel de actividad físico lleva su tiempo y requiere esfuerzo. No existen los atajos ni los milagros, y recurrir a ellos puede suponer más perjuicio que beneficio en el corto y medio plazo, desde el conocido efecto rebote, a problemas más graves como daños renales o hepáticos, déficits nutricionales, trastornos de la conducta alimentaria, resistencia a la pérdida de peso en siguientes dietas, etc.
Y nunca, NUNCA, recurrir a dietas y productos milagro o terapias alternativas sin fundamento científico.

C. No autoponerse a dieta
Igual que no debemos auto-medicarnos, tampoco podemos ponernos a dieta haciendo lo que a uno le parezca, crea o haya oído, o siguiendo la dieta que le ha funcionado bien al vecino, el compañero de trabajo o que nos hemos bajado de alguna página Web. La dieta debe adaptarse a la persona y no al revés.
Debemos aceptar que hay distintos tipos de cuerpos (de caderas anchas, con una talla 80 de pecho o con una 95, con la nariz grande o chata, etc.), y que la forma del cuerpo, la distribución de la grasa, la proporción de masa muscular, va variando con la edad. Es algo que no podemos cambiar aunque queramos.

Si lo veas claro o consideras que necesitas apoyo para comenzar a cambiar tu vida, aquí estamos. Infórmate sin compromiso en el 941245219 e infórmate.

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