Stop Anorexia

Hábitos saludables para prevenir la anorexia y otros trastornos de la alimentación

Todos oímos hablar de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón e incluso conocemos algún caso a nuestro alrededor. Son tres de los trastornos de la conducta alimentaria más conocidos. Su origen se explica a partir de una alteración mental cuya expresión psicológica es un elevado nivel de insatisfacción personal, miedo a madurar, elevados índices de autoexigencia o ideas distorsionadas sobre el peso o la comida.

Estas patologías son cada vez más frecuentes, especialmente entre los 12 y los 24 años. El Estudio Trastornos de la conducta alimentaria en España: Revisión de estudios epidemiológicos, realizado en 2010, indica que entre el 1% y el 3% de la población adolescente y joven de ambos sexos sufre un trastorno de este tipo.

Como explica Eroski Consumer, se trata de trastornos mentales que se caracterizan por una conducta alterada tanto en la ingesta de alimentos como en el desarrollo de comportamientos que persiguen disminuir de peso y tienen repercusiones físicas y sociales. Es en las etapas iniciales de la adolescencia cuando se es más vulnerable. El papel del entorno familiar, escolar y social es entonces determinante para el desarrollo de los adolescentes y para la detección precoz de estos trastornos.

Por este motivo, según la Asociación Española de Pediatría, los centros escolares pueden ser un recurso de valor que tener en cuenta, para alumnos y padres, relacionado con la divulgación de información sobre los trastornos de conducta alimentaria y también con la actitud del profesorado y compañeros ante la sospecha de un caso, que puede ser determinante en la detección de la enfermedad. La prevención en casa se basa, sobre todo, en una adecuada relación familiar y la promoción de un ambiente que favorezca el diálogo.

Los especialistas del Hospital materno infantil Sant Joan de Déu, de Barcelona, mediante la plataforma digital FAROS, aconsejan una serie de medidas para prevenir los trastornos alimentarios en los hijos ya desde la infancia:

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El impacto de 3 magdalenas

Un estudio hecho con magdalenas muestra cómo pueden hacer ganar peso y cómo influyen sus grasas en el riesgo cardiovascular.

Un estudio ha valorado qué les sucede a los jóvenes sanos si añaden cada día, a su dieta habitual, tres magdalenas con más o menos grasas saturadas. Las magdalenas con más grasas saturadas elevaron de forma considerable los niveles del llamado “colesterol malo”, algo que no sucedió con las elaboradas con grasas insaturadas. Sin embargo, ambos tipos de magdalenas aumentaron determinados marcadores del riesgo cardiovascular e hicieron ganar peso a los voluntarios. En el siguiente artículo se repasan los principales hallazgos de esta investigación.

Grasas saturadas y riesgo cardiovascular
El riesgo cardiovascular se puede modular con la dieta. Un estudio, publicado en octubre de 2014 en la revista oficial de la Asociación Americana del Corazón, ha observado que es más desaconsejable ganar peso a base de añadir grasas saturadas que hacerlo a partir de grasas insaturadas. Aunque es una investigación pequeña y de corta duración, se suma a la amplia literatura científica que sugiere que una dieta rica en grasas saturadas puede incrementar el riesgo cardiovascular.

En el estudio, 39 voluntarios sanos y con un peso normal, que rondaban los 27 años de edad, añadieron tres magdalenas a su dieta habitual durante siete semanas, con el objetivo de incrementar su peso en un 3%. Cada magdalena contenía 240 kilocalorías, algo menos de las 290 kilocalorías que aporta una unidad grande de magdalena de pastelería, según la Tabla de Composición de Alimentos del CESNID, coordinada por el doctor Andreu Farran-Codina.

Todas las magdalenas de la investigación tenían el mismo sabor, aspecto, textura y aroma, así como las mismas calorías y azúcares. Pero no todas eran iguales: algunas se elaboraron con aceite de girasol (con predominio de grasas insaturadas), mientras que otras contenían aceite de palma, rico en grasas saturadas. Ninguno de los dos aceites era hidrogenado. Así pues, sin saberlo, un grupo de individuos tomó muffins (un tipo de bizcochos similares a las magdalenas) con muchas grasas saturadas, mientras el otro grupo ingirió magdalenas con un alto porcentaje de grasas insaturadas. Si durante el estudio los voluntarios ganaban más o menos peso de lo previsto, se retiraba o añadía una magdalena (siempre sin variar su dieta habitual o sus niveles de actividad física), para que la ganancia de peso fuera similar en ambos grupos.

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¿Ajo, miel y Vitamina C para el resfriado?

Alimentos cotidianos, como el ajo o la miel, se utilizan con frecuencia para aliviar los catarros, pero los estudios científicos cuestionan su eficacia

El resfriado común afecta a los adultos, de media, entre dos y tres veces al año. La incidencia en los niños menores de dos años es más frecuente (alcanza unas seis veces al año). Sus molestos síntomas, que son más notables en las primeras jornadas, duran entre una semana y 10 días, aunque en ocasiones se prolongan más. Pese a que sus manifestaciones (tos, congestión nasal, etc.) casi siempre son “autolimitantes” (desaparecen por sí solas), muchas personas recurren a remedios naturales para combatirlas.

El resfriado común, aunque no es una dolencia grave, sí es muy debilitante. Puede reducir mucho la autonomía de la persona que lo padece y, por tanto, influir sobre su capacidad de trabajar, conducir o realizar otras tareas. No extraña, por tanto, que quien lo sufre quiera mejorar lo antes posible. Si bien el 95% de los catarros son de origen vírico, muchas personas toman antibióticos para tratarlos, una práctica solo justificada en determinadas infecciones bacterianas.

Pero también es inapropiado recurrir a tratamientos alternativos sin que hayan demostrado de forma fehaciente su efectividad, tal y como se indicó en el artículo ‘¿Existen alimentos para aumentar las defensas?’. Y es que cualquier alimento, complemento alimenticio o “planta medicinal” que se acompañe de declaraciones de beneficios para las infecciones debe contar con pruebas de que los ingredientes activos responsables de la supuesta mejora sobreviven al ácido gástrico y a las enzimas pancreáticas, que son absorbidos en el intestino y, sobre todo, que ejercen beneficios constatables. ¿Cuentan con dichas pruebas la miel, el ajo o la vitamina C?

Miel para el resfriado
¿La miel es efectiva para tratar el resfriado una vez que se manifiesta? Pese a que un dictamen de 2010 de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no halló pruebas que sustentaran los múltiples beneficios que se atribuyen a la miel (tampoco al propóleo), una polémica investigación publicada más tarde en la revista Pediatrics sugirió que la miel podría mejorar la tos de los niños con infecciones respiratorias del tracto superior. No obstante, las críticas a la falta de rigor científico en el diseño del estudio no tardaron en aparecer, tal y como amplió a comienzos de 2013 el doctor Mark Crislip en el portal Science-Based Medicine (Medicina Basada en la Ciencia).

El doctor Crislip insiste en que faltan pruebas para atribuirle a la miel cualidades antitusígenas y aporta razones para dudar de la calidad de la investigación de Pediatrics. Es más, sugiere que el hecho de que la industria de la miel haya participado en la financiación del estudio resta credibilidad a sus resultados.

Las más reciente revisión científica sobre esta cuestión se publicó en diciembre de 2014 en la revista The Cochrane database of systematic reviews. En ella se indica que, además del estudio de Pediatrics, solo existen dos investigaciones más dignas de consideración sobre la relación entre miel y tos. Según esta revisión, ni ellas ni la de Pediatrics aportan pruebas sólidas a favor de la utilización de la miel como terapia para la tos.

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Un 11% de encuestados cambia su dieta ante enfermedades crónicas

¿Cómo es nuestra alimentación? ¿Tomamos decisiones alimentarias correctas? O, por el contrario, ¿ponemos en riesgo nuestra salud porque elegimos mal?

La Fundación EROSKI, preocupada por este asunto, decidió elaborar una investigación completa sobre este tema con los máximos estándares de calidad y respaldo posibles. Por ello, encargó el Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE), dirigido por el Dr. Javier Aranceta, profesor asociado del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, director científico de la Fundación para la Investigación Nutricional (FIN) y presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Esta investigación tiene como finalidad evaluar, de una manera exhaustiva, los hábitos alimentarios, las técnicas culinarias, el estado ponderal y otros determinantes de la situación nutricional en una muestra representativa de la población española.

Este trabajo se inició en septiembre de 2013 con la previsión de encuestar a un total de 6.800 individuos en todo el territorio nacional (400 por comunidad autónoma). Aunque el trabajo global aún no ha finalizado, en la actualidad, ya es posible realizar un avance de los resultados obtenidos con los datos proporcionados por 1.700 personas de todo el país.

Alimentación y salud
Según el Estudio ENPE, un 29% de los entrevistados padece alguna enfermedad crónica. Las más prevalentes son las relacionadas con la tensión arterial y el colesterol en niveles superiores a los valores considerados normales (ambas dolencias manifiestan padecerlas en torno al 10% de los encuestados).

En concreto, un 12% de las mujeres y un 9% de los hombres declaran tener niveles de tensión arterial elevada. En el caso de la hipercolesterolemia, esta dolencia afecta al 9% de las mujeres y al 10% de los hombres.

Por grupos de edad, un 31% de la población entrevistada por encima de los 65 años tiene niveles altos de tensión arterial y un 27% padece hipercolesterolemia. Además, un 13% presenta diabetes y un 12% problemas cardíacos.

Es común pensar que las personas que padecen un problema crónico de salud modifican su patrón de alimentación como parte del tratamiento o para prevenir problemas asociados. Según el Estudio ENPE, solo el 11% de los encuestados afirma haber cambiado su dieta habitual en los últimos 6 meses como consecuencia de problemas crónicos de salud. Las mujeres lo hacen en mayor medida que los hombres. También los mayores de 65 años.

Y ¿qué cambios son esos? Teniendo en cuenta que la variación de hábitos nutricionales va en consonancia con los problemas de salud más prevalentes (tensión arterial alta y colesterol alto), la mayor parte de las personas entrevistadas asegura haber reducido su ingesta de sal. También existe un alto porcentaje de encuestados que han modificado el contenido en grasa de su dieta a partir de la reducción del consumo de alimentos ricos en grasas o la reducción de la ingesta de grasa animal. También es frecuente disminuir los alimentos ricos en azúcar y la cantidad de alimentos consumidos en general.

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Dieta mediterránea y longevidad…

La dieta mediterránea no es solo una manera de comer, es un patrón alimentario que se ha relacionado constantemente con una serie de beneficios para la salud, incluyendo la disminución del riesgo de enfermedades crónicas y cáncer. Ahora, una nueva investigación relaciona este tipo de alimentación con telómeros más largos, un biomarcador asociado a una vida más larga.

Los telómeros parecen tener la clave del envejecimiento, la edad biológica y la esperanza de vida se pueden predecir mediante la medición del ADN de un individuo. Concretamente, son secuencias repetitivas de ADN en los extremos de los cromosomas que se acortan cada vez que una célula se divide.

Investigadores del Hospital Brigham y de Mujeres (BWH, por sus siglas en inglés), en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, han descubierto ahora que una mayor adherencia a la comida mediterránea podría estar provocar que el individuo tenga telómeros más largos, como describen en la edición digital de este martes de ‘The BMJ’.

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