light

Lo que no sabes de los productos «light»

El espectacular aumento en las ventas de productos bajos en calorías, azúcares o grasas no se ha acompañado de una disminución en las tasas de obesidad o en una reducción de la ingesta de calorías de la población. Conviene preguntarse, por tanto, cómo nos influyen las declaraciones de salud «light» o «bajo en grasas o azúcares». ¿Conciencian sobre aspectos dietético-nutricionales o generan la ilusión de que son alimentos «que adelgazan»? ¿Incrementan la calidad dietética o promueven el sobreconsumo de alimentos insaludables? ¿Informan o, más bien, aumentan la confusión de los consumidores?

Según la legislación vigente, un alimento puede publicitarse como «light» o «ligero» si el fabricante ha reducido en un 30% su aporte calórico, siempre que se indique la característica que hace que el producto sea «light». Pero que un alimento sea «light» no significa que no tenga calorías. Puede seguir aportando una notable cantidad de energía, como es el caso de quesos, mayonesas o margarinas «light».

Por otra parte, cuando se indica que se ha reducido el contenido en azúcares o grasas, también debe disminuir en un 30% la cantidad de azúcar o de grasa. No obstante, un alimento al que se le ha reducido el contenido en grasa puede haber sufrido un incremento en el contenido en azúcares, y viceversa, por lo que su aporte energético no siempre será menor.

En ambos casos, tanto en el alimento «light» como en el alimento al que se han reducido sus grasas o sus azúcares, es posible que se esté frente a productos con grandes cantidades de sal. Para comprobar si es así, es preciso saber que se considera que un alimento tiene «mucha sal» cuando contiene 1,25 gramos de sal, o más, por cada 100 gramos de alimento, y que tiene «poca sal» (es la situación idónea) cuando aporta 0,25 gramos (o menos) de sal por cada 100 gramos de alimento.

Contenido reducido en azúcares… ¿También en energía?
No se debe confundir las declaraciones «bajo contenido en azúcares» o «sin azúcares» con la declaración «contenido reducido en azúcares». Mientras que en las dos primeras se está ante productos con cantidades bajas de azúcares, esta última detalla que se ha reducido la cantidad de azúcar en un 30% (o más) en relación a un producto similar. Por tanto, si el «producto similar» tenía una notable cantidad de azúcar (por ejemplo, una mermelada), es posible que las calorías no hayan disminuido de forma considerable.

No siempre que un alimento tiene pocos azúcares aporta pocas calorías, pues es posible que su contenido en grasas sea importante.

Una declaración de salud que también puede ser desconcertante, aunque cumpla a la perfección la legislación vigente, es la siguiente: «sin azúcares añadidos». En este caso, la confusión se puede producir por la existencia de productos en cuya elaboración se generan azúcares en grandes cantidades, como es el caso de ciertos cereales para bebés. (más…)

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Azúcar

Grasa o azúcar. ¿Qué es peor en exceso?

Durante años las grasas han sido «las malas de la película», las responsables, en teoría, de infinidad de efectos negativos sobre la salud. En los últimos años, sin embargo, tienen competencia, pues parecen haber ganado protagonismo los azúcares en su papel de «agentes del mal». Las preguntas sobre cuál es peor son inevitables, pero resulta muy difícil encontrar información fidedigna en relación a qué es verdad y qué no con respecto al papel de estos dos nutrientes en la dieta.

Similitudes y diferencias entre la grasa y el azúcar
Al revisar la etiqueta de un alimento, se encuentra información nutricional detallada sobre la cantidad de calorías y de algunos nutrientes, como es el caso de las grasas y los azúcares. Tanto grasas como azúcares son «nutrientes energéticos», es decir, aportan calorías, a diferencia de los «no energéticos», como las vitaminas o los minerales, que no lo hacen. Pese a esta similitud, entre ambos nutrientes existen grandes diferencias. Una de ellas es que mientras que un gramo de grasa aporta 9 kilocalorías, la misma cantidad de azúcar lo hace con 4 kilocalorías.

Efecto del azúcar y la grasa sobre nuestro peso
Así, de forma intuitiva se podría concluir que una cierta cantidad de grasa tiene más capacidad de incrementar el peso corporal que la misma cantidad de azúcar. No obstante, la cuestión no es en absoluto tan sencilla, porque, entre otras diferencias, ambos nutrientes presentan distintos procesos digestivos o de aprovechamiento y almacenaje en el organismo. De hecho, tanto reducir las grasas ingeridas como los azúcares podría ser útil para controlar el peso corporal, según han comprobado investigaciones como las publicadas en la revista BMJ el 15 de enero de 2012 y el 6 de diciembre del mismo año. (más…)

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Comer mirando la tele

Comer sano, en familia y sin tele

Entendemos por una alimentación saludable aquella que contiene en cantidades óptimas alimentos variados, dando mayor importancia a la fruta y la verdura, los cereales integrales, las legumbres, los frutos secos, los lácteos, la carne, el pescado y los huevos, etc. Cuando hablamos de una buena alimentación pensamos en los alimentos que comemos, pero no acostumbramos a pensar en la importancia de cómo los comemos. La manera y los hábitos que tenemos a la hora de comerlos también es determinante para seguir una alimentación saludable.

Diferentes estudios demuestran también que las comidas en familia, como mínimo tres veces a la semana, mejoran los hábitos de alimentación saludable en la edad adulta. Y es que el hecho de comer con los hijos, ayuda a que ellos adopten buenos hábitos alimenticios desde pequeños. Para los pequeños de casa, los padres son un ejemplo a seguir, así que conviene que vean como los mayores comen fruta y verdura, legumbres, pescado… porque ellos tengan ganas de hacerlo. Se deben aprovechar estos espacios de comidas en familia para que durante los primeros años de vida, los niños son como esponjas a la hora de absorber nuevos conocimientos. (más…)

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Probiótico

Probióticos, un escudo para nuestras defensas

Factores a los que nos enfrentamos constantemente como el estrés, cambios en la alimentación o la falta de ejercicio físico e, incluso, el uso continuado de medicamentos como los antibióticos, hacen que se produzca un desequilibrio en el ecosistema que forman las bacterias que habitan en nuestro intestino, y que puede provocar dolor abdominal, alteración en el ritmo intestinal o intolerancias alimentarias.

Los probióticos se están poniendo de moda ya que algunos estudios empiezan a corroborar que pueden ayudarnos a perder la grasa de nuestro organismo. Todo ello debido a que como son bacterias buenas tienen una serie de beneficios potenciales para nuestro intestino como facilitar la digestión y evitar el estreñimiento, entre otros, pero todavía hay más…

Según un estudio de la Universidad Laval de Quebec, Canadá, el consumo de probióticos ayuda a las mujeres a perder peso y no recuperarlo. La investigación se ha centrado en determinar si el consumo de los mismos podría ayudar a restablecer el equilibrio de la flora intestinal a favor de las bacterias que promueven un peso saludable.

De acuerdo con los resultados publicados en British Journal of Nutrition, en el que un grupo de personas se ofreció para realizar los estudios, los que eran hombres no mostraron mucha diferencia en la pérdida de peso. Sin embargo, entre las mujeres que participaron, las que tomaron probióticos experimentaron una pérdida aproximada de 4,5 kilogramos en un periodo de doce semanas.

Tras este periodo se hizo otro más de mantenimiento de otras doce semanas y todas las que no habían tomado probióticos mantuvieron su peso estable. Sin embargo, el grupo que los tomaba siguieron perdiendo más peso: en este caso unos 5 kilogramos por persona, lo que significa que los participantes que los consumieron perdieron un total de 9 kilogramos durante el periodo de 24 semanas que comprendió el estudio.

Algunos datos de interés
Otra de los hallazgos que observaron los investigadores fue una disminución de nuestra famosa hormona leptina, reguladora del apetito, y una concentración inferior de las bacterias intestinales relacionadas con la obesidad. La conclusión de todo esto es que los beneficios de estas bacterias probióticas era mostrar que tenían más probabilidades de éxito en la pérdida de pesoporque un intestino sano no acumula toxinas que al final traspasan las paredes intestinales, llegan al torrente sanguíneo y acaban transformándose en grasas (el cúmulo de toxinas nos da cierto malestar como dolor de cabeza, nauseas, flatulencias pero podría hacer algo más grave a la larga).

Otro de los grandes beneficios para todos los que tenemos la suerte de tener salud es hacer que no enfermemos, lo que se llama medicina preventiva porque el 80% del sistema inmunológico, que la mayoría de la gente desconoce, se localiza en el intestino. Por eso es vital cuidarlo (recordar que las mamás dan el pecho a sus bebés cuando nacen con el calostro colonizando su tracto digestivo con bacterias buenas para repoblar su intestino ayudando a crear las mejores defensas para el bebé). Eso mismo es lo que hacemos los adultos cuando ingerimos probióticos. (más…)

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Cena Ligera

Cenas ligeras en verano

EROSKI CONSUMER/ Isabel Megías

El comienzo del verano supone un cambio en los hábitos alimentarios. El tipo de productos que se consumen en esta época del año son distintos a los que se toman en invierno: mientras que en los menús invernales predominan las sopas, los purés y platos más elaborados, en verano se prefieren las preparaciones frescas y de sencilla elaboración. La mejora en el clima y el aumento de las horas alienta a programar más actividades al aire libre, de manera que también para las noches se buscan platos fáciles de hacer y refrescantes para paliar el calor. A continuación se explica por qué es importante elaborar cenas ligeras y nutritivas, se ofrecen ejemplos concretos para toda una semana y se detalla qué no es una cena nutritiva.

¿Por qué cenar ligero?
La cena es la última comida antes de dormir, de manera que no son recomendables cenas copiosas y en exceso energéticas antes de acostarse. Además, muchas veces el verano contribuye a cierta desorganización de hábitos que puede hacer que se gane peso, de forma que no conviene abusar de alimentos muy grasos o hipercalóricos.

En la época estival, por lo general, se pierde el ritmo habitual: varía la hora para levantarse de la cama e irse a dormir, los horarios escolares desaparecen y los laborales cambian muchas veces, se deja de practicar ejercicio físico de forma regular… Por todo ello, conviene reservar cierto tiempo para realizar algún tipo de actividad física o ejercicio y organizar y reestructurar los hábitos y tomas alimentarias. En esta situación, son recomendables las cenas ligeras, es decir, cenas con un moderado contenido calórico, pobres en grasas y en alimentos hipercalóricos y sin productos excesivamente dulces. (más…)

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