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¿Por qué no adelgazo?

Seguir una alimentación sana y equilibrada, moderando el número de calorías, y aumentar la actividad física suele ser suficiente para bajar de peso. Pero no siempre funciona. A veces la propia acción de ciertas hormonas en el organismo es la que pone “freno” al proceso de adelgazamiento.
O puede haber otros factores que estén obstaculizando la pérdida de peso, como te explicaremos a continuación.

Si no adelgazas, empieza haciendo autocrítica
Antes de buscar otras causas que pueden estar boicoteando tu dieta, conviene que analices si realmente estás siguiendo unas pautas correctas. Contestar a las siguientes preguntas te puede ayudar a averiguar los motivos de por qué no pierdes peso:

· ¿Sigues bien la dieta? A la hora de hacer una dieta de adelgazamiento, los pequeños detalles son más importantes de lo que crees. Por ejemplo, no seguir las recomendaciones del dietista-nutricionista al 100% puede echar por tierra cualquier dieta por eficaz que sea.

· ¿Eres constante? Empezar una dieta cada lunes o ponerse a régimen cada dos meses… es señal de que el problema está en los hábitos nutricionales y es necesario cambiarlos.

· ¿Haces deporte? Si tu intención es adelgazar, practicar algo de ejercicio a diario es tan importante como comer de forma saludable y en cantidades moderadas. Si hasta ahora has llevado una vida sedentaria, este puede ser el problema.

Otros factores que boicotean la pérdida de peso
Si has contestado “sí” a las tres preguntas anteriores, es decir, tu alimentación es sana y equilibrada, rica en frutas y verduras y baja en grasas y azúcares; sueles comer de esta forma habitualmente, con pocas excepciones; y practicas alguna actividad física con regularidad… y aun así no pierdes peso, puede que existan otras causas no estrictamente nutricionales.

Estas suelen ser las razones más frecuentes:
1. Genética
La herencia genética puede predisponerte a tener más dificultad para perder peso o mantener la línea.
Sin embargo, en ocasiones, el sobrepeso no se “hereda” por los genes, sino por ciertas conductas adquiridas. Y es que en algunas familias se suelen transmitir los malos hábitos alimentarios, y estos se comparten desde la infancia.

2. Medicamentos
Ciertos fármacos, como corticoesteroides, antidepresivos y anticonvulsivantes (antiepilépticos), pueden disminuir la velocidad a la que el cuerpo quema calorías, aumentar el apetito o favorecer la retención de líquidos.

3. Dejar de fumar
Algunas personas aumentan de peso cuando dejan de fumar. Uno de los motivos es porque la nicotina acelera la combustión de calorías. Por eso, al abandonar el hábito, el gasto calórico es menor.

4. Factores ambientales
Según los investigadores, existen ambientes obesogénicos, es decir, que estimulan la obesidad.
Por ejemplo, un estudio de la Universidad de California (EE. UU.) demostró que vivir en una zona con muchos anuncios de comida rápida en las calles aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso y obesidad.

5. Hipotiroidismo
En las personas que sufren este trastorno la glándula tiroides no produce suficiente tiroxina, una hormona que estimula el metabolismo basal.
Por eso, al disminuir, hace que el metabolismo sea más lento, es decir, el cuerpo consume menos calorías. Y esto conduce a una mayor tendencia a ganar peso o dificultad para perderlo.

6. Menopausia
Si te estás acercando a la menopausia y notas que el contorno de tu cintura va aumentando, lo más probable es que el aumento de peso sea consecuencia de los cambios hormonales que se están produciendo en tu cuerpo. Y es que durante el transcurso de la perimenopausia, el 75% de las mujeres suelen ganar entre 4 y 10 kilos.

7. Estrés crónico
Frente a la ansiedad, el cuerpo se defiende segregando una mayor cantidad de cortisol, que es una hormona de supervivencia que, entre otras funciones, estimula la producción de glucosa y ordena a las células que almacenen la mayor cantidad de grasa posible.
El aumento de esta hormona conduce a que, a la larga, el organismo tenga una menor respuesta ante ella. En consecuencia, aumenta aún más su producción, lo que provoca que aparezca un depósito de grasa, sobre todo en la zona del abdomen.

8. Dormir mal
Durante el descanso se liberan hormonas que controlan el apetito y el gasto energético. Cuando duermes el tiempo suficiente, entre 7 y 8 horas, se mantiene el equilibrio entre la grelina (hormona que genera sensación de estómago vacío) y la leptina (hormona que inhibe la sensación de hambre).
Sin embargo, la falta de sueño provoca que aumente la concentración de grelina y que disminuya la de leptina. ¿Resultado? Tras una mala noche, tienes más hambre. Y no solo eso, sino que además te apetecen alimentos con azúcar, como los dulces. Asimismo, el sueño también afecta a la glucemia: si duermes mal, tu cuerpo regula peor la glucosa.

Las dietas milagro te “devuelven” más kilos
Además de ser un riesgo para la salud –pueden causar problemas renales, cardiacos, y carencias nutricionales–, las llamadas dietas milagro, que prometen perder muchos kilos en poco tiempo y que suelen basarse en el consumo exclusivo de ciertos alimentos, provocan un “efecto rebote” o “efecto yoyó”. Tras abandonar la dieta, no solo se recuperan rápidamente los kilos perdidos, sino bastantes más.
Además del “efecto rebote”, una dieta restrictiva puede causar problemas renales o cardiacos.

Al someter al organismo a una fuerte restricción alimentaria y a una pérdida de peso muy rápida, este reacciona volviéndose ahorrador y economizando energía, es decir, se adapta a la escasez gastando menos calorías con el objetivo de no quedarse sin reservas.

Al dejar la dieta restrictiva y volver a tu alimentación habitual, como tu cuerpo está en plan ahorrativo y gasta menos, es cuando se produce el “efecto rebote”.

Por otro lado, la mayor parte del peso perdido con estas dietas corresponde a agua y masa muscular. En cambio, el que se recupera más tarde el organismo lo almacena en forma de grasa por si viene otra época de escasez.

En Clínica Nutriestética somos profesionales de la Nutrición y Dietética desde 1988. Infórmate sin compromiso en el 941245219.

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El colesterol

Que los parámetros de colesterol los tengamos alterados es un indicativo de que algo no estamos haciendo bien: nos está avisando de que nuestro hígado no está siendo tratado todo lo bien que se merece.

¿Qué factores influyen en el aumento del colesterol?
El sobrepeso, el sedentarismo, el consumo excesivo del alcohol, algunos medicamentos, el tabaco y una alimentación desequilibrada en la que incluimos demasiada grasa animal y azúcar en la dieta son algunos de los factores, además del hereditario, de encontrarnos frente una hipercolesterolemia y sus consecuencias patológicas (enfermedades cardiovasculares).

¿Cómo podemos mejorar nuestro perfil de grasas y con ello que el colesterol este dentro de los parámetros normales?
Podemos empezar mejorando nuestra alimentación de la siguiente manera:
• Incluyendo alimentos que nos aporten grasas buenas (acido grasos monoinsaturados, omega 3), esteroles, fibra dietética y antioxidantes que ayudan a reducir los niveles de colesterol total en sangre y a elevar el colesterol bueno (HDL) como por ejemplo:
· Frutas, verduras y/o hortalizas (5 raciones diarias), ricas en antioxidantes (pimiento, espinacas, zanahoria, calabaza, tomate, fresa, kiwi…)
· Cereales integrales (pan, pasta, arroz, avena, cebada).
· Legumbres (lentejas, garbanzos, alubias, soja).
· Pescado blanco y azul (salmón, sardina, trucha, caballa, boquerones, anchoas, etc.).
· Frutos secos (controlando la cantidad, un puñado)
· Aceite de oliva virgen.

• Por otro lado los alimentos a evitar serán todos los que aporten grasa saturada y grasas trans (lácteos enteros, carnes grasas, mantequilla, margarinas, bollería y fritos industriales, embutidos, productos procesados en general).

• Todo en preparaciones culinarias sencillas, que necesiten poco aceite (plancha, horno, asado, papillote, al microondas, al vapor, hervido, en su jugo).
• Moderar el consumo de alcohol también es importante.
• Hidratarnos bien, 2 litros de agua al día, para favorecer el correcto funcionamiento del organismo.

Además de hacer cambios en nuestra alimentación, debemos optar por una vida más activa, en la que el ejercicio esté presente en nuestro día a día, beneficiando además a mantener un peso adecuado. Y siempre, en caso de duda, ponernos en manos de un profesional sanitario de la nutrición.

Anabel Pérez
Nutricionista
Clínica Nutriestética

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Hombres y medicina estética

Hasta hace unos años los hombres apenas se interesaban por los tratamientos estéticos, pero hoy esto ha cambiado y el porcentaje de hombres que recurren a la medicina estética ha aumentado ya que cada vez se preocupan más por su imagen y su apariencia.

Según algunas encuestas, el 70% de los hombres afirman que la apariencia física es muy importante y un 60% considera un rostro armonioso como una ventaja de seducción. No solo eso, algo más de un 30% de los encuestados opina que su aspecto tiene un importante papel a la hora de encontrar un empleo o enfrentarse a un ascenso.

La piel del rostro de los hombres presenta un espesor considerablemente mayor que la de las mujeres y sus principales signos de envejecimiento son:
· Arrugas del tercio superior del rostro y en el entrecejo.
· Hundimiento de rasgos faciales y pérdida de volumen.
· Pérdida de definición en el contorno del rostro.
· Disminución de la elasticidad y de la firmeza de la piel.

En general, los hombres buscan tratamientos de eficacia inmediata, poco invasivos, poco dolorosos, que no conlleven reposo o inactividad y que se adapten tanto a las particularidades de su piel como a sus expectativas. Eso sí, respetando su masculinidad.

En Clínica Nutriestética estaremos encantados de asesorarle sin coste ni compromiso según sus necesidades para poder conseguir unos resultados naturales, satisfactorios y adaptados a sus necesidades individuales.

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Rejuvenecimiento Facial

Se ha notificado finalmente la aprobación de la FDA de la toxina botulínica para una tercera indicación: la mejora temporal en la aparición de arrugas de moderadas a severas asociadas con la actividad del músculo frontal en adultos.

Esta aprobación hace que el fármaco quede indicado para tres áreas de tratamiento facial: líneas de la frente, líneas de las patas de gallo y líneas glabelares.

Las líneas de la frente son una de las principales preocupaciones para los pacientes.

La historia comenzó en 2002 cuando la marca se estableció en el mercado estético al conseguir su primera aprobación por parte de la FDA para mejorar temporalmente la apariencia de las arrugas de moderadas a severas entre las cejas (líneas glabelares). El impulso continuó en 2013 cuando se aprobó esa toxina botulínica para la mejora temporal en la aparición de las líneas de cuervo de pies de moderadas a severas.

Se inyecta en los músculos y se usa para mejorar temporalmente el aspecto de las líneas de la frente moderadas a graves, líneas de patas de gallo y líneas de expresión entre las cejas en los adultos.

Pocos productos tienen el nivel de impacto que la toxina botulínica ha tenido en la industria de la estética facial médica.

En ensayos clínicos, el producto demostró su gran eficacia en comparación con el placebo en la reducción de la severidad de las líneas de la frente, tanto en la evaluación del investigador como en la del sujeto.

Aprobado para su uso en más de 75 países, es el tratamiento más investigado y estudiado de su tipo. Su seguridad y eficacia se han evaluado en los distintos estudios clínicos realizados y explicados en casi 500 artículos publicados en revistas científicas y médicas. Este producto se fabrica en instalaciones de última generación bajo estrictos estándares de calidad y seguridad.

Infórmate en el 941 245 219. Estudiaremos tu caso de forma GRATUITA y sin compromiso.

Te esperamos.

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Drenaje linfático y presoterapia

¿Qué es el drenaje linfático?
El drenaje linfático es una técnica de que consiste en aplicar diferentes presiones o masajes suaves sobre diferentes zonas del cuerpo (bien con las manos, o bien con un equipo de presoterapia) con el objetivo de mejorar la circulación de la linfa y el sistema linfático. La función de esta técnica es la de mejorar la contracción automática de los vasos linfáticos, ayudando a eliminar edemas y otras alteraciones derivadas de una mala circulación de la linfa.

El sistema linfático se encarga de transportar los deshechos derivados de la nutrición de las células hasta la sangre, que posteriormente los lleva hasta el sistema excretor para eliminarlos. Los edemas aparecen cuando el sistema linfático no puede depurar ciertas zonas, por lo que los líquidos y sustancias se estancan. La presión que se aplica durante el drenaje linfático ayuda a arrastrar los líquidos retenidos hacia el sistema circulatorio y la sangre. Además de transportar las sustancias de desecho de las células, el sistema linfático también actúa como defensa del organismo; esto se debe a los ganglios linfáticos, unas estructuras que se sitúan en varias zonas del sistema y que actúan depurando los agentes patógenos y neutralizando los daños que puedan producir.
El hecho de que se acumulen líquidos en los tejidos puede deberse a varias causas, como un mal funcionamiento del propio sistema linfático, natural o inducido (este último debido normalmente a una extirpación de ganglios linfáticos, algo frecuente en el tratamiento quirúrgico de ciertos tumores). También se pueden acumular líquidos por causas que no tienen que ver con la linfa, como en el caso de edemas venosos, lipedemas, edemas traumáticos, edemas durante el embarazo, cirrosis hepática, malnutrición, etcétera.

Beneficios para la salud del drenaje linfático
El drenaje linfático se utiliza en muchos campos. Por ejemplo, cada vez más en el área de oncología para el tratamiento de edemas traumáticos, linfedemas y complicaciones linfáticas derivadas de una cirugía. También se utiliza muy a menudo para tratamientos circulatorios o como refuerzo en tratamientos de pérdida de peso, celulitis, etc.

Los beneficios que aporta esta técnica son:
· Reactiva la circulación linfática y ayuda a eliminar el exceso de líquidos y sustancias de desecho del organismo.
· Reduce la inflamación derivada de la retención de líquidos, regulando el tono muscular.
· Contribuye a mejorar las defensas del organismo al favorecer la función de los ganglios linfáticos.
· Mejora el aspecto de la piel y combate enfermedades y afecciones como la celulitis o el acné.
· Tiene un efecto analgésico, por lo que también se recomienda en dolores derivados de enfermedades como la fibromialgia.
· Tiene un efecto relajante en el sistema nervioso, aliviando situaciones de estrés y ansiedad, pero también combatiendo los efectos de patologías como migrañas y vértigo.
· Mejora la circulación sanguínea (el sistema linfático se complementa con el aparato circulatorio) y ayuda a eliminar problemas derivados de una mala circulación, como las varices.
· Estimula la función renal.

Contraindicaciones del drenaje linfático
Aunque el drenaje linfático tenga numerosos beneficios sobre el organismo, en algunas circunstancias no es recomendable debido a los efectos que puede producir. Las principales contraindicaciones se dan en casos de:
· Infecciones agudas: mejorar la circulación de la linfa puede ayudar a que la infección se propague por el organismo.
· Flebitis y trombosis.
· Insuficiencia cardiaca: con el drenaje linfático se exige un esfuerzo cardiaco mayor, algo no recomendado cuando se sufre una insuficiencia cardiaca.
· Hipotensión arterial: después de una sesión de drenaje linfático, la presión arterial baja, por lo que no es recomendable someterse a esta terapia en casos de hipotensión previa.
· Inflamaciones agudas.
· Asma y bronquitis asmática aguda: el drenaje linfático, debido a su efecto estimulador sobre el nervio neumogástrico, puede provocar la aparición de una crisis asmática en individuos que sufran bronquitis o asma.
· Edemas linfodinámicos y desnutrición.
· Dermatitis y eccemas agudos.
· Tumores malignos.
· Síndrome del seno carotídeo: las personas que sufren esta patología tienen una hipersensibilidad del seno carotídeo que hace que su estimulación cause grandes cambios en la frecuencia cardiaca y en la presión arterial, por lo que el drenaje linfático no está recomendado en estos casos.

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