Celiacos

Problemas con el gluten, más allá de la enfermedad celíaca

FUENTE: EROSKI CONSUMER
AUTORA: ISABEL MEGÍAS

Además de la enfermedad celíaca, que afecta a una de cada cien personas, existen otras patologías relacionadas con el gluten, como la alergia al trigo o la dermatitis herpetiforme

La enfermedad celíaca, enteropatía que se desarrolla tras la ingesta de gluten en individuos con predisposición genética, es cada vez más prevalente: afecta a alrededor del 1% de la población. Los síntomas asociados a la celiaquía son múltiples y variados y el único tratamiento eficaz consiste en suprimir de la dieta los alimentos que contengan gluten. Por ello es preciso acudir al médico para diagnosticarla. Pero, además de esta enfermedad, hoy en día se conocen otro tipo de reacciones al gluten que merecen ser consideradas. El siguiente artículo repasa las más importantes: sensibilidad al gluten no celíaca, alergia al trigo, dermatitis herpetiforme y ataxia por el gluten.

Enfermedad celíaca, la más conocida
Hasta no hace mucho, la enfermedad celíaca se diagnosticaba tras el inicio de diarreas, malabsorción y desnutrición con pérdida de peso. No obstante, en la actualidad se han detectado manifestaciones no clásicas de la celiaquía que incluyen otros síntomas tales como anemia, osteoporosis, alteraciones neurológicas o cefalea.

El diagnóstico de la enfermedad celíaca debe realizarse siempre por un médico especialista que, para ello, tendrá en cuenta los resultados de la analítica sanguínea (predisposición genética y análisis de los anticuerpos en sangre) y el estudio de la biopsia intestinal (aunque algunos autores empiezan a proponer el diagnóstico sin necesidad de la biopsia intestinal).

El tratamiento consiste en una dieta sin gluten, que debe realizarse de manera estricta el resto de la vida. Por ello es importante contar con un buen diagnóstico y, además, acudir a un dietista-nutricionista para pautar la alimentación a partir de ese momento.

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Alimentación en época de estudios

Está claro que los alimentos son el combustible de nuestro cuerpo para el rendimiento diario, tanto físico como intelectual. De ahí la necesidad de llevar una alimentación saludable también en épocas de estudio, porque de ello va depender el rendimiento intelectual.

A menudo, por la falta de tiempo, en épocas de exámenes llegamos a descuidar nuestra alimentación y a echar mano de alimentos precocinados e hipocalóricos que solo aportan calorías vacías a nuestro organismo (es decir: ningún nutriente), y para el rendimiento intelectual es necesaria una adecuada alimentación que aporte los nutrientes esenciales al cerebro para evitar el agotamiento y cansancio intelectual.

Empezar el día de estudio con un buen desayuno es la mejor opción siempre que nuestro desayuno sea completo; es decir, nos aporte lácteos (mejor desnatados), cereales (mejor integrales) y una ración de fruta o zumo natural.

Distribuir las comidas en 5 tomas al día es la mejor forma de mantener a nuestro organismo saciado y alejarnos del picoteo que, por lo general, suelen ser alimentos dulces o salados (hipercaloricos).

Incluir mucha verdura, proteínas (carnes blancas, pescados blancos y azules y legumbres principalmente) y cereales (pasta, arroz, pan,…) en nuestras comidas principales como fuente de energía para el rendimiento intelectual. Y entre horas las frutas y los lácteos desnatados. También es aconsejable acompañar nuestros platos con unos pocos frutos secos (nueces, almendras -“no fritos”-) o como tentempié para aumentar la calidad nutricional de nuestra alimentación en épocas de exámenes.

No abusar de bebidas energéticas excitantes (café, te,…) que lo único que hacen es mantener despierto al cerebro pero no aportan nutrientes en sí.

No hay que olvidar hacer las cenas más ligeras para un buen descanso por la noche y dormir las horas recomendadas para que el cerebro descanse.

Y en la medida de lo posible, realizar actividad física que, aparte de servir de “desconexión” de los estudios nos ayudará a optimizar el rendimiento.

Tanto si tienes hijos estudiantes, como si eres tú mismo el estudiante (opositor, cursos de postgrado, etc.), tenemos a un equipo de profesionales sanitarios que te ayudarán para que tu peso y salud no se resientan.

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El impacto de 3 magdalenas

Un estudio hecho con magdalenas muestra cómo pueden hacer ganar peso y cómo influyen sus grasas en el riesgo cardiovascular.

Un estudio ha valorado qué les sucede a los jóvenes sanos si añaden cada día, a su dieta habitual, tres magdalenas con más o menos grasas saturadas. Las magdalenas con más grasas saturadas elevaron de forma considerable los niveles del llamado “colesterol malo”, algo que no sucedió con las elaboradas con grasas insaturadas. Sin embargo, ambos tipos de magdalenas aumentaron determinados marcadores del riesgo cardiovascular e hicieron ganar peso a los voluntarios. En el siguiente artículo se repasan los principales hallazgos de esta investigación.

Grasas saturadas y riesgo cardiovascular
El riesgo cardiovascular se puede modular con la dieta. Un estudio, publicado en octubre de 2014 en la revista oficial de la Asociación Americana del Corazón, ha observado que es más desaconsejable ganar peso a base de añadir grasas saturadas que hacerlo a partir de grasas insaturadas. Aunque es una investigación pequeña y de corta duración, se suma a la amplia literatura científica que sugiere que una dieta rica en grasas saturadas puede incrementar el riesgo cardiovascular.

En el estudio, 39 voluntarios sanos y con un peso normal, que rondaban los 27 años de edad, añadieron tres magdalenas a su dieta habitual durante siete semanas, con el objetivo de incrementar su peso en un 3%. Cada magdalena contenía 240 kilocalorías, algo menos de las 290 kilocalorías que aporta una unidad grande de magdalena de pastelería, según la Tabla de Composición de Alimentos del CESNID, coordinada por el doctor Andreu Farran-Codina.

Todas las magdalenas de la investigación tenían el mismo sabor, aspecto, textura y aroma, así como las mismas calorías y azúcares. Pero no todas eran iguales: algunas se elaboraron con aceite de girasol (con predominio de grasas insaturadas), mientras que otras contenían aceite de palma, rico en grasas saturadas. Ninguno de los dos aceites era hidrogenado. Así pues, sin saberlo, un grupo de individuos tomó muffins (un tipo de bizcochos similares a las magdalenas) con muchas grasas saturadas, mientras el otro grupo ingirió magdalenas con un alto porcentaje de grasas insaturadas. Si durante el estudio los voluntarios ganaban más o menos peso de lo previsto, se retiraba o añadía una magdalena (siempre sin variar su dieta habitual o sus niveles de actividad física), para que la ganancia de peso fuera similar en ambos grupos.

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La fruta de postre, ¿engorda?

Comer fruta de postre o beber agua durante las comidas no engorda, sino que ayuda a controlar el peso corporal.

La obesidad y el sobrepeso afectan a 2.100 millones de personas, casi un tercio de la población. Muchas de ellas intentan poner bajo control su peso corporal y, para ello, siguen dietas hipocalóricas. Pero también son muchos quienes, en su deseo por verse bien y sentirse mejor, experimentan con todo tipo de dietas milagrosas o complementos dietéticos de dudosa eficacia y reputación. Además de estos métodos, en los medios y redes sociales abundan mitos y “recetas” sobre cómo adelgazar de manera eficaz, qué alimentos evitar y cuáles no combinar jamás. En este grupo entran las frutas y el agua, de las que muchas veces se dice que no deben ingerirse en las comidas. ¿Es esto veraz? El siguiente artículo analiza ambas afirmaciones.

Comer fruta de postre engorda: un mito
El aporte calórico de los distintos tipos de fruta es variable: un kiwi aporta 60 Kcal; una mandarina, 50 Kcal; un melocotón, 70 Kcal; una rodaja de melón, 100 Kcal; y una manzana, 80 Kcal. No obstante, el aporte calórico de una fruta es siempre el mismo, ya sea consumida antes, durante o después de la comida. No existe ninguna evidencia científica que haga pensar que el aporte calórico de una fruta pueda variar según el momento del día en que se coma.

Las frutas son alimentos ricos en fibra, agua, vitaminas y minerales. Todas las sociedades científicas relacionadas con la alimentación coinciden en recomendar su ingesta para potenciar un buen estado de salud. Además, hay evidencias que relacionan un elevado consumo de fruta y verdura con mayor facilidad para perder peso y mantener el peso perdido. Sin embargo, no existe ninguna evidencia que indique que tomada de postre engorde más o aporte mayor contenido calórico que en otro momento del día.

De hecho, uno de los posibles mecanismos por los cuales la fruta y la verdura pueden contribuir a la pérdida de peso es su potencial efecto sobre la saciedad. Dado que son alimentos ricos en fibra dietética, su consumo podría contribuir a una mayor saciedad, de manera que ayudarían a controlar la ingesta calórica de esa comida.

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¿Ajo, miel y Vitamina C para el resfriado?

Alimentos cotidianos, como el ajo o la miel, se utilizan con frecuencia para aliviar los catarros, pero los estudios científicos cuestionan su eficacia

El resfriado común afecta a los adultos, de media, entre dos y tres veces al año. La incidencia en los niños menores de dos años es más frecuente (alcanza unas seis veces al año). Sus molestos síntomas, que son más notables en las primeras jornadas, duran entre una semana y 10 días, aunque en ocasiones se prolongan más. Pese a que sus manifestaciones (tos, congestión nasal, etc.) casi siempre son “autolimitantes” (desaparecen por sí solas), muchas personas recurren a remedios naturales para combatirlas.

El resfriado común, aunque no es una dolencia grave, sí es muy debilitante. Puede reducir mucho la autonomía de la persona que lo padece y, por tanto, influir sobre su capacidad de trabajar, conducir o realizar otras tareas. No extraña, por tanto, que quien lo sufre quiera mejorar lo antes posible. Si bien el 95% de los catarros son de origen vírico, muchas personas toman antibióticos para tratarlos, una práctica solo justificada en determinadas infecciones bacterianas.

Pero también es inapropiado recurrir a tratamientos alternativos sin que hayan demostrado de forma fehaciente su efectividad, tal y como se indicó en el artículo ‘¿Existen alimentos para aumentar las defensas?’. Y es que cualquier alimento, complemento alimenticio o “planta medicinal” que se acompañe de declaraciones de beneficios para las infecciones debe contar con pruebas de que los ingredientes activos responsables de la supuesta mejora sobreviven al ácido gástrico y a las enzimas pancreáticas, que son absorbidos en el intestino y, sobre todo, que ejercen beneficios constatables. ¿Cuentan con dichas pruebas la miel, el ajo o la vitamina C?

Miel para el resfriado
¿La miel es efectiva para tratar el resfriado una vez que se manifiesta? Pese a que un dictamen de 2010 de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no halló pruebas que sustentaran los múltiples beneficios que se atribuyen a la miel (tampoco al propóleo), una polémica investigación publicada más tarde en la revista Pediatrics sugirió que la miel podría mejorar la tos de los niños con infecciones respiratorias del tracto superior. No obstante, las críticas a la falta de rigor científico en el diseño del estudio no tardaron en aparecer, tal y como amplió a comienzos de 2013 el doctor Mark Crislip en el portal Science-Based Medicine (Medicina Basada en la Ciencia).

El doctor Crislip insiste en que faltan pruebas para atribuirle a la miel cualidades antitusígenas y aporta razones para dudar de la calidad de la investigación de Pediatrics. Es más, sugiere que el hecho de que la industria de la miel haya participado en la financiación del estudio resta credibilidad a sus resultados.

Las más reciente revisión científica sobre esta cuestión se publicó en diciembre de 2014 en la revista The Cochrane database of systematic reviews. En ella se indica que, además del estudio de Pediatrics, solo existen dos investigaciones más dignas de consideración sobre la relación entre miel y tos. Según esta revisión, ni ellas ni la de Pediatrics aportan pruebas sólidas a favor de la utilización de la miel como terapia para la tos.

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