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Mitos sobre los alimentos dañinos

En cuestiones de salud, médicos, enfermeros, dietistas-nutricionistas y periodistas comparten una responsabilidad: educar a la población e informar siempre con rigor, con datos científicos veraces y contrastados. Sin embargo, no son pocas las veces que se publican artículos alarmistas, poco fundamentados o exagerados, que demonizan o endiosan a un alimento o a varios.

En cambio, en nutrición y dietética hace tiempo que no se habla de “alimentos prohibidos y permitidos” o de “alimentos que matan y alimentos que te dan vida”, sino de “alimentos aconsejados y alimentos desaconsejados”. La explicación es que cuando se habla de dieta y salud no solo importa el tipo de alimentos, sino también su frecuencia de consumo (cuántas veces al día o a la semana se come) y el tamaño de la porción.

Los siguientes son algunos alimentos y bebidas que cargan con la mala fama de matar lentamente a las personas. A continuación se analizan sus características.

Embutido
La mayoría de los embutidos poseen un elevado contenido en grasas saturadas, grasas relacionadas con una mayor incidencia de patologías tan prevalentes como la obesidad, la dislipemia o el síndrome metabólico.

Así pues, debe recomendarse el consumo ocasional de este tipo de derivados cárnicos como parte de la prevención de enfermedades cardiovasculares. Escoger opciones más saludables y menos grasas puede ser una alternativa; aunque sustituir el consumo de estos alimentos por otros de origen vegetal sería la opción más inteligente.

Refrescos y bebidas con gas
Los refrescos y bebidas con gas son de uso relativamente reciente en la historia de la alimentación humana. Los ingredientes principales de estos líquidos son los azúcares (glucosa, fructosa, azúcar), zumos de fruta, agua y colorantes y otros aditivos. El consumo de bebidas azucaradas ha crecido en muchas partes del mundo y se asocia a una mala calidad de la dieta y a un aumento de la densidad energética de la dieta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara que las calorías proporcionadas por las bebidas azucaradas tienen poco valor nutricional y no proporcionan la sensación de plenitud que un alimento sólido ofrece. Según la OMS, la ingesta de azúcares libres posee un impacto negativo sobre el peso corporal y la caries dental, de manera que reducir el consumo de bebidas endulzadas con azúcar puede disminuir el riesgo de sobrepeso y obesidad en los adultos. (más…)

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El marketing que engorda

El placer, la biología, la historia e incluso la filosofía hacen que las personas nos sintamos más atraídas por los alimentos menos saludables (ricos en calorías, grasas, azúcares y sal). Si a ello se añade la actual abundancia y la fácil accesibilidad de esta clase de productos, así como su omnipresente publicidad, se entiende por qué muchos expertos en nutrición y salud pública apuntan al marketing de alimentos como una de las principales causas de la epidemia de obesidad. Dos de dichos expertos son Pierre Chandon y Brian Wansink, firmantes de una extensa y metódica investigación titulada ‘¿Es necesario que la comercialización de alimentos nos haga engordar?’. En ella sostienen que las 60-100 kilocalorías de más que se consumen a diario son en buena medida responsabilidad de inteligentes campañas de marketing de alimentos.

Las ‘cuatro pes’ del marketing de alimentos
La publicidad de alimentos no consiste solo en anuncios en los medios de comunicación o en vallas publicitarias. Las empresas de alimentos cuentan con muy ingeniosos creativos y con auténticos expertos en técnicas de mercado, por lo que no debe extrañar que la publicidad televisiva, que ha atraído la mayor parte de la atención de las investigaciones sobre publicidad y obesidad, en realidad solo suponga la punta del iceberg. De hecho, su importancia está disminuyendo hasta el punto de que hoy por hoy no es la forma más innovadora ni poderosa con la que cuenta el actual marketing de alimentos.

PRECIO
Tal y como detalló el doctor Juanjo Cáceres en su libro ‘Consumo Inteligente’, poner precio a los productos “es una tarea verdaderamente compleja para las empresas, y es evidente que, en general, desconocemos cómo funciona”. Cáceres indica que el importe final viene determinado por factores que escapan mucho a los escasos conocimientos que por lo general tiene la ciudadanía sobre el tema, y que “los dos únicos objetivos que se persiguen con los precios es maximizar los beneficios de las empresas y vender tanto como sea posible al precio óptimo”. (más…)

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