Intolerancia alimentaria

¿Alergia o intolerancia alimentaria?

Las alergias y las intolerancias alimentarias son cada vez más frecuentes. En ocasiones los términos son empleados indistintamente lo cual supone un error de primera magnitud que puede ocasionar un importante problema de salud. Es, por lo tanto, imprescindible diferenciar la alergia de la intolerancia alimentaria.

La alergia alimentaria se produce por reacciones inmunológicas frente a una o varias proteínas contenidas en el alimento. El cuerpo responde de una manera anormal frente a estos alergenos produciendo una respuesta inmune mediada, la gran mayoría de las veces, por inmunoglobulina E (IgE), aunque también pueden estar implicadas otras reacciones inmunológicas.

Por el contrario, las intolerancias alimentarias, por definición, no son reacciones inmunológicas; es decir, se trata de respuestas negativas a la ingesta de ciertos alimentos que no están mediadas por inmunoglobulinas. El término intolerancia alimentaria se utiliza hoy en día de forma muy amplia e incluye cualquier síntoma desagradable relacionado con algún alimento: gases, distensión abdominal, diarrea, cefalea…

Las alergias alimentarias producen reacciones graves, cutáneas, gastrointestinales y/o respiratorias, habitualmente de forma inmediata, que pueden llevar a la muerte por anafilaxia. Por el contrario, las intolerancias alimentarias suelen ocasionar síntomas inespecíficos, sobre todo gastrointestinales, horas o incluso días después de ingerido el alimento.

Un ejemplo de intolerancia alimentaria es la intolerancia a la lactosa: no hay que confundir la intolerancia al azúcar de la leche, es decir a la lactosa, con la alergia a las proteínas de la leche. La falta (total o parcial) de la enzima encargada de digerir la lactosa, la lactasa, es la responsable de la clínica asociada a la ingesta de leche: dispepsia, gases, diarrea… Nada tiene que ver con la reacción alérgica a las proteínas de la leche de vaca, caseína o lactoalbúmina, mediada por IgE.

La enfermedad celiaca tampoco es alergia al gluten, como se dice demasiado frecuentemente, aunque esta situación es más compleja que otro tipo de intolerancias, y sí vemos implicado al sistema inmune, por lo que tampoco podría considerarse una intolerancia común.

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Celiacos

Problemas con el gluten, más allá de la enfermedad celíaca

FUENTE: EROSKI CONSUMER
AUTORA: ISABEL MEGÍAS

Además de la enfermedad celíaca, que afecta a una de cada cien personas, existen otras patologías relacionadas con el gluten, como la alergia al trigo o la dermatitis herpetiforme

La enfermedad celíaca, enteropatía que se desarrolla tras la ingesta de gluten en individuos con predisposición genética, es cada vez más prevalente: afecta a alrededor del 1% de la población. Los síntomas asociados a la celiaquía son múltiples y variados y el único tratamiento eficaz consiste en suprimir de la dieta los alimentos que contengan gluten. Por ello es preciso acudir al médico para diagnosticarla. Pero, además de esta enfermedad, hoy en día se conocen otro tipo de reacciones al gluten que merecen ser consideradas. El siguiente artículo repasa las más importantes: sensibilidad al gluten no celíaca, alergia al trigo, dermatitis herpetiforme y ataxia por el gluten.

Enfermedad celíaca, la más conocida
Hasta no hace mucho, la enfermedad celíaca se diagnosticaba tras el inicio de diarreas, malabsorción y desnutrición con pérdida de peso. No obstante, en la actualidad se han detectado manifestaciones no clásicas de la celiaquía que incluyen otros síntomas tales como anemia, osteoporosis, alteraciones neurológicas o cefalea.

El diagnóstico de la enfermedad celíaca debe realizarse siempre por un médico especialista que, para ello, tendrá en cuenta los resultados de la analítica sanguínea (predisposición genética y análisis de los anticuerpos en sangre) y el estudio de la biopsia intestinal (aunque algunos autores empiezan a proponer el diagnóstico sin necesidad de la biopsia intestinal).

El tratamiento consiste en una dieta sin gluten, que debe realizarse de manera estricta el resto de la vida. Por ello es importante contar con un buen diagnóstico y, además, acudir a un dietista-nutricionista para pautar la alimentación a partir de ese momento.

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