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Cuando dieta y ejercicio no son suficientes para quemar grasa

Cuando se hace ejercicio o se inicia una dieta para perder peso, el cuerpo se sirve de los depósitos de grasa acumulados. Esa es la buena noticia. La mala es que actúa de manera generalizada, sobre todo el cuerpo. Cuesta más perder volumen en las zonas donde existe mayor porcentaje de grasa acumulada. Otro mito, relacionado con la pérdida de peso, es que la grasa se convierte en músculo con el ejercicio: por desgracia, no es así. Ganar músculo no implica necesariamente perder grasa ya que ambos pueden coexistir sin problemas. Para acabar con la grasa, se debe combinar el ejercicio con otros tratamientos. Incluida una dieta adecuada.

Tipos de grasa: superficial, profunda e intraabdominal
Existen tres tipos de grasa: la superficial, la profunda y la intraadbominal. La primera se sitúa justo debajo de la dermis. Es la tercera capa de la piel y se reparte por todo el cuerpo. La segunda se halla entre la grasa superficial y los músculos. La grasa profunda se localiza en zonas determinadas como abdomen, caderas, rodillas, brazos y costados. Este tipo de grasa no se puede eliminar con dieta. La última, la grasa intraabdominal es la peor de todas. Se coloca alrededor de las vísceras y ocasiona problemas metabólicos. Por ejemplo, exceso de colesterol y/o problemas cardiovasculares. Es una grasa peligrosa que solo se trata con dieta.

En cualquier caso, la grasa no es en sí misma algo negativo. Cierta proporción, que varía según el individuo, es imprescindible para la vida. La grasa es nuestra principal reserva de energía. Resulta vital para el sistema hormonal, entre otras funciones. Y la grasa bajo la piel es indispensable para mantener la primera en buen estado. Aún así, es necesario reducir el exceso de grasa para sentirse más sano, esbelto y atlético.

Caso aparte es el género masculino, ya que sus tejidos son distintos a los femeninos. Ellos no tienen conexiones con paredes entre la dermis y la capa de grasa subcutánea. Por eso, su aspecto es más liso. Solo un 10% de los hombres tiene piel de naranja mientras que más del 90% de las mujeres la padece.

Diferencias entre grasa localizada y celulitis
Ambas alteraciones presentan características y tratamientos diferentes para combatirlas. Muchas personas hacen referencia a la celulitis cuando hablan de grasa localizada y al revés. Es importante saber diferenciarlas para acabar con ellas de forma eficaz. La grasa localizada se caracteriza por la acumulación de tejido graso en determinadas zonas del cuerpo, en una segunda capa más profunda. Ello provoca una alteración estética del contorno corporal acompañada o no de sobrepeso. Estas zonas profundas pueden ser blandas al tacto, moverse al andar e incluso cambiar de posición en los casos importantes. Su tratamiento, además de una buena alimentación y ejercicio, requiere técnicas que variarán en función del diagnóstico de cada paciente.

En otro orden de cosas, los cambios dentro de la grasa superficial subcutánea, entre la piel y la fascia, provocan la aparición de celulitis. Esta puede tomar la forma de piel de naranja u hoyuelos, siendo más común en mujeres. El inicio de estos cambios proviene de la influencia de factores genéticos y hormonales, y sobre todo de problemas vasculares. Se distinguen tres estadíos de evolución:

Celulitis edematosa: debida a un problema de mala circulación que provoca una acumulación de líquidos dentro de los tejidos superficiales. Se puede combatir con una mejora de la circulación venosa con presoterapia, masajes de drenaje linfático, actividad física regular y mesoterapia. Si no se trata a tiempo, se transformará en celulitis adiposa.
Celulitis adiposa: este tipo de celulitis se debe a un aumento del volumen de las células adiposas, con la edad o al ganar peso. A menudo se acompaña de varices o arañas vasculares. La falta de tonicidad muscular la agrava. El tratamiento indicado para la celulitis adiposa se suele realizar con aparatología moderna basada en masajes, como presoterapia, ultrasonidos, cavitación o radiofrecuencia con los que se eliminan líquidos y se disuelven grasas.
Celulitis fibrosa: se puede hallar por todo el cuerpo, es dura y dolorosa al tacto. A menudo, se acompaña de mala circulación y varices. Este tipo de celulitis es común en mujeres mayores de 40 años y difícil de eliminar. En estos casos, una liposucción no puede resolver el problema, porque la grasa se reemplaza por tejido fibroso.

Es esencial tratar la celulitis desde su aparición, durante el estadío uno. Así se podría impedir que evolucionara hacia una forma fibrosa imposible de tratar de forma eficaz. Para perder celulitis del tipo uno es básico tratar los problemas vasculares. Por ello, se recomienda realizar ejercicio constante pero que no suponga un esfuerzo extremo. Por ejemplo nadar, caminar o hacer estiramientos. También se pueden realizar tratamientos bajo supervisión médica como: presoterapia, drenajes linfáticos, radifrecuencia… Lo menos aconsejable son los ejercicios explosivos y de fuerza puntual, como hacer pesas o sentadillas.

Cuando las causas de la grasa acumulada son hormonales o metabólicas se debe consultar a médicos, endocrinos o ginecólogos. En el estadío dos, con células de grasa acumulada, se precisa un vaciado mediante métodos como la cavitación, los ultrasonidos, la radiofrecuencia, los láseres de baja intensidad, e incluso su destrucción con técnicas de cirugía. Estos tratamientos funcionan en grados diversos. A menudo, se pueden combinar para lograr resultados más óptimos. Los más eficaces son de tipo químico, mecánico y térmico, que destruyen las células y previenen que se rellenen de nuevo. Como la liposucción, la criolipólisis (con frío) y la lipólisis por láser, fibras ópticas o lipóllisis química con productos inyectados.

Las técnicas que no requieren cirugía, como los ultrasonidos o la mesoterapia, se aconsejan a personas que no quieran pasar por el quirófano, con un volumen moderado de grasa, y prefieran tensar su piel de forma eficaz. En estos casos también se recomiendan técnicas inyectables como la lipólisis por inyección. Eso sí, los pacientes deben ser conscientes de que los resultados se apreciarán a largo plazo.

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