Niños y la Dieta Mediterránea

Un estudio llevado a cabo por expertos de ocho países europeos y dirigidos por el investigador Gianluca Tognon de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), concluye que una alimentación más en consonancia con la dieta mediterránea hace que los niños tengan un 15% menos probabilidades de tener sobrepeso u obesidad que aquellos que siguen otro tipo de dieta u alimentación.
 
Los investigadores analizaron los datos del estudio IDEFICS (identificación y prevención de los efectos sobre la salud de la dieta y el estilo de vida en niños y lactantes), tomando como parámetros el peso, la altura, la circunferencia de la cintura y el porcentaje de grasa corporal (IMC). Los padres de los niños también tuvieron que responder a un cuestionario sobre alimentación.
 
Gracias a la comparativa de todo el volumen de datos, los investigadores detectaron que los niños con alto índice de adhesión a una dieta similar a la mediterránea eran un 15% menos propensos a tener sobrepeso u obesidad que los que seguían una alimentación diferente a la mediterránea. Este resultado, además, no se veía influenciado ni por la edad, el sexo, el país de residencia o el nivel socioeconómico de la familia.
 
“La promoción de un patrón de dieta mediterránea ya no es una característica de los países mediterráneos. Teniendo en cuenta sus potenciales efectos beneficiosos en la prevención de la obesidad, este patrón de dieta debería ser parte de las estrategias de prevención de la obesidad de la Unión Europea y su promoción debería ser especialmente intensa en los países en los que se detectan bajos niveles de adherencia”, afirma Gianluca Tognon, líder del estudio.
 
Y es que la Dieta Mediterránea, tiene características que la hacen única, como por ejemplo:
 
1. La dieta mediterránea está incluida en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Su candidatura fue presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos.
 
2. Tomar una copita de vino tinto diaria tiene numerosos efectos beneficiosos sobre nuestro organismo. Su acción se debe fundamentalmente a los polifenoles, que son utilizados por la flora intestinal para generar compuestos antioxidantes.
 
3. Los ajos, aderezo imprescindible en muchos platos de la cocina mediterránea, reducen el colesterol y los triglicéridos, combaten la hipertensión y contienen muchos nutrientes y vitaminas esenciales para nuestro organismo. Además, son depurativos, diuréticos y antioxidantes.
 
4. Cuando llega el verano, nada mejor que acompañar las comidas con una buena ensalada de productos de la huerta. Comer verduras y hortalizas regula la función intestinal y aporta una buena variedad de ingredientes que poseen mucha fibra y nutrientes esenciales.
 
5. El consumo regular de legumbres reduce la hipertensión, ayuda a prevenir el cáncer de mama y mejora el control de los niveles de azúcar en sangre.
 
6. Empezar el día con un zumo de naranja nos llena de energía y nos hace sentir de mejor humor.
 
7. Las investigaciones han demostrado que las personas que consumen tomate regularmente tienen menos riesgo de padecer derrames cerebrales.
 
8. El trigo ha sido cultivado en la Península Ibérica desde el Neolítico. Debido a eso, la dieta mediterránea se basa en gran parte en el consumo de alimentos derivados de este cereal.
 
9. Las uvas no solo sirven para hacer el vino. También ayudan a proteger la piel de los dañinos rayos ultravioleta del sol.
 
10. Uno de los clásicos en la dieta mediterránea es el aceite de oliva. Numerosas investigaciones han demostrado que combate el envejecimiento, protege el cerebro y reduce el riesgo de infarto.
 
 
Fuente: Eroski

Autor: Sarah Romero
 

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Los alimentos con más fibra

 
¿Problemas para ir al baño?
Pruebe a incrementar su consumo de fibra. Y no nos referimos necesariamente a incluir en su dieta productos «enriquecidos» (galletas, yogures, leches) sino a los alimentos ricos por naturaleza en este compuesto que nos ayuda a sentirnos más «felices» con nuestra salud digestiva.
 
Los españoles comemos poca fibra, poco más la mitad de la cantidad diaria recomenda, que está entre los 25 y los 30 gramos al día. La razón es que «tomamos más proteínas e hidratos refinados, porque son más agradables al paladar; y menos frutas, verduras, legumbres y cereales, que es donde está mayoritariamente la fibra», explica a ABC Elena Pérez Montero, nutricionista del Hospital Universitario Quirón Madrid. Las legumbres, además, son ricas en antioxidantes, proteínas vegetales y no tienen grasa, a pesar de una injusta fama de que engordan.
 
Pero el consumo de fibra no solo es importante para evitar el estreñimiento. «Los estudios epidemiológicos de los últimos años han puesto de manifiesto que un aumento en la ingesta de fibra ayuda a prevenir la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares e intestinales», señala la doctora Julia Álvarez, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen). Incluso se han publicado investigaciones, recuerda la experta, que sugieren que el consumo elevado de fibra «puede disminuir el riesgo de cáncer de dependencia hormonal (mama, útero, ovarios y próstata) y de localización en el tracto digestivo (cáncer de colon y recto)».
 
 
Diferencias entre cereales
Los cereales también son una fuente importante de fibra, pero cuidado, porque no todos los productos tienen la misma proporción. Hay que mirar la etiqueta. Por ejemplo, unos cereales de desayuno con base de arroz y miel cuentan con 1 gramo de fibra por cada cien gramos de producto, muy lejos del salvado de trigo (42,8 g/100 g), al que no superan ni los cereales con fibra del supermercado (29 g/100 g), según refleja la Base de Datos Española de Composición de Alimentos.
 
Para sacarle todo el partido, hay que tomar los alimentos lo menos procesados posible. La fruta, mejor entera que en zumo, y las legumbres, con su hollejo. Pese a que la naranja pierde más de la mitad de su fibra cuando se exprime, tomar su jugo puede ser una buena manera de aumentar la ingesta de líquidos, muy importante también para favorecer el tránsito intestinal.
 
Y cuando vaya a condimentar un plato, no se olvide de la especias. Aunque son unas grandes desconocidas en este sentido, la realidad es que tienen una elevada proporción de fibra y, aunque la cantidad de producto que añadimos sea pequeña, «no es despreciable», apunta Pérez Montero.
 
Respecto a los yogures con bifidus y otros productos enriquecidos que prometen ayudarnos a ir al baño a diario, deben enmarcarse en una dieta con alimentos naturales ricos en fibra para obtener «mayores beneficios», apunta la doctora Álvarez.
 
Y este verano, cuando esté de vacaciones, no eche la culpa al «cambio de baño». Beba más agua para evitar la deshidratación, amiga, junto al sedentarismo, del estreñimiento.
 
Fuente: ABC Salud.
Autora: Cristina Garrido
 

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¿Sabes calcular tu nivel de hidratación?

La insistencia de vigilar el nivel de hidratación puede parecer demasiado recurrente, sobre todo en los meses de verano. No obstante, este es un tema tan importante que justifica ser reiterativo. Una deficiente hidratación es la responsable de numerosos ingresos hospitalarios e incluso de una considerable cifra de fallecimientos, muchos de los cuales se podrían evitar. El siguiente artículo proporciona un método para conocer si se está haciendo una correcta hidratación y explica cuánta agua se necesita y por qué no todo es agua a la hora de hidratar, además de ofrecer cinco ideas prácticas para no deshidratarse.
 
El agua, siempre a mano
Recordar que debemos beber suficiente agua a lo largo del día parece obvio y, sin embargo, el 70% de las personas reconoce que no alcanza los 2 litros que el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) recomienda beber en circunstancias normales. Muchos se escudan en que están atentos a la sed, o en que se hidratan a través de los alimentos u otros líquidos. Incluso hay quienes abogan por beber solo cuando se tiene sed. Ambas posibilidades tienen sus fundamentos, porque cada individuo tiene necesidades diferentes. Según las circunstancias de salud o enfermedad, la necesidad de agua y líquidos varía.
 
Sea como sea, es importante para evitar riesgos adquirir el hábito de tener el agua a mano, sobre todo, en circunstancias excepcionales: días con mucho calor, cuando se realiza un esfuerzo físico extraordinario, si se es una persona mayor o cuando se está convaleciente, si se ha pasado una gastroenteritis o fiebre. Sabido esto, uno mismo, sin necesidad de protagonizar un capítulo de golpe de calor, puede testar si el agua y la ingestión de líquidos que hace al cabo del día alcanzan la cantidad correcta.
 
Cómo saber si se está o no bien hidratado
Para saber si estamos bebiendo la suficiente cantidad de agua y líquidos, o si incluimos alimentos ricos en agua que garantizan una correcta hidratación, debemos vigilar la orina. Es importante comprobar que orinamos, al menos, en cuatro ocasiones desde la mañana a la noche, así como asegurarse de que el color es amarillo pálido o claro. Si la orina es amarilla ocre o más oscura, y no se están tomando vitaminas o medicamentos que la afecten, se debe aumentar la ingesta de agua en dos vasos diarios durante cinco días hasta conseguir orinar al menos en cuatro ocasiones y lograr una pérdida de color y de olor.
 
A la observación de la orina, hay que añadir la conciencia de la propia realidad. Es decir, saber que los factores de la edad, del peso, de la altura, del sexo y del tipo de vida condicionan el uso que realiza el cuerpo del agua, así como la demanda de hidratación que precisa para mantener el ritmo. Una persona muy activa, que hace mucho gasto calórico, necesita mayores cantidades de agua para estar bien hidratada; una persona que lleve una vida sedentaria, al margen de condiciones atmosféricas, precisará mucha menos.
 
Hay que tener en cuenta que el primer signo de deshidratación es la sed, pero se puede no atender esa sed y olvidar la sensación y persistir la deshidratación. Puede padecerse dolor cabeza y fatiga, ante lo que deberíamos tomar la costumbre de beber dos vasos de agua, por si acaso. Si la deshidratación es severa, o el cuerpo está más débil y acusa más la desatención, pueden presentarse capítulos de taquicardias, escalofríos, náuseas e incluso llegar al desvanecimiento. Esto, por supuesto, hay que evitarlo, pero conviene saber que puede llegarse a este extremo y tomar medidas para que no suceda.
 
Cuánta agua se necesita
La cantidad de agua depende de la persona y de sus circunstancias físicas y ambientales (edad, actividad, temperatura, etc.). Lo principal es no olvidar que hay que beber agua. Habrá quienes estén acostumbrados a tomar varios vasos al día y alcancen la mítica cifra de dos o incluso tres litros, quienes limiten su ingesta a las cinco comidas o quienes deban recordar la importancia de beber un vaso, puesto que dejan pasar las horas y no tienen sed. Todos podrán superar con éxito el test de la orina. Pero hay que tomar agua en la vida cotidiana. Un buen hábito para comenzar el día es beber un gran vaso y una pieza de fruta. Así, con ese sencillo gesto, se garantiza una buena base de hidratación.
 
Si se altera la vida habitual, el ambiente e incluso la actividad cotidiana, seguro que también se variará la necesidad corriente de agua, por ello habrá que estar atento. Y no solo de nosotros mismos, sino también de las personas dependientes que tengamos alrededor (niños y personas mayores), que tienen menos capacidad de modificar hábitos y adoptar nuevos. Lo normal es que con los cambios aumente la necesidad de ingerir líquidos, lo que es una buena excusa para incrementar el consumo de frutas, verduras y preparados refrescantes. Las sopas son un modo de tomar más líquidos con sabor, y en el verano se puede optar por ofrecer a los niños sopas frías, batidos de frutas, sopas de fruta o un gazpacho recién hecho y servido bien fresco.
 
Hidratación, no todo es agua
Que el agua no es la única fuente de hidratación se entiende mejor si se mira su anverso, la deshidratación. Se puede tener un episodio de deshidratación por una pérdida de agua o una pérdida mayor de electrolitos (sobre todo, sodio). Una deshidratación por pérdida de agua suele ser consecuencia de una insolación, un capítulo febril, un caso de gastroenteritis o la desatención a la sed. Se habrá desatendido la correcta hidratación por no haber tomado la suficiente agua ni suficientes líquidos. Pero también se puede errar en el cálculo de la hidratación sufriendo una pérdida de sales minerales y de sodio. No tiene que ocurrir, salvo si se padece gastroenteritis o se trabaja en condiciones extremas de calor o frío, o se equivoca y no se atiende la demanda de sales al efectuar ejercicio físico.
 
Cinco gestos que ayudan a hidratar
1. Empiece el día con un vaso de agua y llénese un botellín de agua. Según sus hábitos, lléveselo con usted y bébaselo a lo largo del día, o déjelo en casa y recuerde terminárselo antes de ir a la cama.
2. En verano, coma dos frutas al día, una ración de verdura cocida -como plato o guarnición- y mordiscos de verdura cruda.
3. Establezca el hábito de identificar un momento de descanso con beber un vaso de agua.
4. Elija bebidas naturales antes que las azucaradas, y las infusiones, mejor que el café.
5. Reflexione sobre la conveniencia de utilizar agua embotellada, comprar una jarra filtradora o colocar un filtro en su grifo. Tal vez de esta manera tome mayor
 
Fuente: Eroski Consumer.
Autora: Maite Zudaire.

 

Día Nacional de la Nutrición

Hoy celebramos el Día Nacional de la Nutrición, con un claro mensaje: Comer sano es divertido, la obesidad infantil no.
 
En España, la prevalencia de obesidad infantil es muy elevada y está estabilizada. Esto constituye un importante factor de riesgo para la salud física, psicológica y social de los niños.
 
En el estudio recientemente publicado sobre vigilancia del crecimiento, alimentación y actividad física, desarrollo infantil y obesidad (ALADINO), y en el que participaron 7.659 niños y niñas pertenecientes a todas las Comunidades Autónomas de España, se observó que:

· 1 de cada 2 niños de 6 a 9 años de edad tiene exceso de peso

· Además, solo el 3,8% realizaba un desayuno completo.
 
El riesgo de obesidad es mayor en niños que:

· No desayunan.

· Viven lejos de polideportivos o zonas verdes.

· Dedican más tiempo a actividades sedentarias.

· Duermen menos horas al día.
 
 Mala alimentación + Poco ejercicio = Obesidad Infantil
 
Hábitos saludables recomendados:

· Desayunar todos los días.

· Consumir 3 piezas de fruta al día.

· Incluir verduras en comida y cena.

· Tomar legumbres 2-3 veces a la semana.

· Incrementar el consumo de cereales integrales, pescado azul y blanco, leche, yogur y queso bajos en grasa.

· Disminuir las carnes con grasa visible y piel, embutidos grasos, etc.

· Servir raciones más pequeñas.

· Moderar el consumo de dulces, aperitivos de bolsa, bebidas y alimentos con azúcares añadidos, quesos grasos, salsas y alimentos precocinados.

· Preferir preparaciones caseras utilizando preferiblemente aceite de oliva virgen para cocinar y aliñar.

· Procurar comer en familia.

· Realizar ejercicio físico diario (jugar al aire libre, caminar, subir escaleras,…) y 2 ó 3 veces por semana practicar algún tipo de deporte de más intensidad.

· Respetar la hora de acostarse para dormir un mínimo de 8-10 horas.

· Evitar tener televisión en la habitación.
 
Si los niños se acostumbran a desayunar bien, estaremos ayudando a prevenir lo que hoy es una preocupación mundial: la obesidad infantil.
 
 Fuentes: Organización Mundial de la Salud y Fesnad.