Vegetariana

Las dietas vegetarianas, asociadas a menor incidencia de cáncer colorrectal

En comparación con los no vegetarianos, los vegetarianos que incluyen pescado en su dieta se benefician de la mayor reducción de riesgo.

La elevada mortalidad del cáncer colorrectal ha llevado a considerar los factores dietarios en su prevención primaria. Investigadores de la Universidad de Loma Linda han estudiado el impacto de estos factores en una cohorte de más de 77,000 participantes del Adventist Health Study 2 (AHS-2), clasificados como vegetarianos, lacto-ovovegetarianos, pescovegetarianos, semivegetarianos y no vegetarianos. A lo largo de un período de seguimiento de 7 años el riesgo de cualquier tipo de cáncer colorrectal, cáncer de colon y cáncer rectal fue un 22, un 19 y un 29% inferior, respectivamente, en todos los vegetarianos, comparado con los no vegetarianos.

Por subgrupos, la mayor reducción de riesgo se observó en los pescovegetarianos, con una reducción del 43%. Esta fuerte asociación inversa sugiere que el consumo de ácidos grasos omega-3 de cadena larga podría ser un importante factor contribuyente al beneficio, que, por otro lado, fue de la misma magnitud en hombres y mujeres e independiente del grupo racial. Los hallazgos de este estudio difieren de los obtenidos en el EPIC-Oxford, que examinó el impacto de la dieta vegetariana sobre los diferentes tipos de cáncer y no halló relación alguna.

Los autores del estudio creen que estas diferencias pueden deberse a la mayor ingesta de fibra, frutas y vitamina C en la cohorte AHS-2.

Pregúntanos y te asesoraremos sobre cuál es el plan de alimentación más adecuado para ti.

Fuente: IM Médico

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Celiacos

Problemas con el gluten, más allá de la enfermedad celíaca

FUENTE: EROSKI CONSUMER
AUTORA: ISABEL MEGÍAS

Además de la enfermedad celíaca, que afecta a una de cada cien personas, existen otras patologías relacionadas con el gluten, como la alergia al trigo o la dermatitis herpetiforme

La enfermedad celíaca, enteropatía que se desarrolla tras la ingesta de gluten en individuos con predisposición genética, es cada vez más prevalente: afecta a alrededor del 1% de la población. Los síntomas asociados a la celiaquía son múltiples y variados y el único tratamiento eficaz consiste en suprimir de la dieta los alimentos que contengan gluten. Por ello es preciso acudir al médico para diagnosticarla. Pero, además de esta enfermedad, hoy en día se conocen otro tipo de reacciones al gluten que merecen ser consideradas. El siguiente artículo repasa las más importantes: sensibilidad al gluten no celíaca, alergia al trigo, dermatitis herpetiforme y ataxia por el gluten.

Enfermedad celíaca, la más conocida
Hasta no hace mucho, la enfermedad celíaca se diagnosticaba tras el inicio de diarreas, malabsorción y desnutrición con pérdida de peso. No obstante, en la actualidad se han detectado manifestaciones no clásicas de la celiaquía que incluyen otros síntomas tales como anemia, osteoporosis, alteraciones neurológicas o cefalea.

El diagnóstico de la enfermedad celíaca debe realizarse siempre por un médico especialista que, para ello, tendrá en cuenta los resultados de la analítica sanguínea (predisposición genética y análisis de los anticuerpos en sangre) y el estudio de la biopsia intestinal (aunque algunos autores empiezan a proponer el diagnóstico sin necesidad de la biopsia intestinal).

El tratamiento consiste en una dieta sin gluten, que debe realizarse de manera estricta el resto de la vida. Por ello es importante contar con un buen diagnóstico y, además, acudir a un dietista-nutricionista para pautar la alimentación a partir de ese momento.

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Estudiantes Baja

Alimentación en época de estudios

Está claro que los alimentos son el combustible de nuestro cuerpo para el rendimiento diario, tanto físico como intelectual. De ahí la necesidad de llevar una alimentación saludable también en épocas de estudio, porque de ello va depender el rendimiento intelectual.

A menudo, por la falta de tiempo, en épocas de exámenes llegamos a descuidar nuestra alimentación y a echar mano de alimentos precocinados e hipocalóricos que solo aportan calorías vacías a nuestro organismo (es decir: ningún nutriente), y para el rendimiento intelectual es necesaria una adecuada alimentación que aporte los nutrientes esenciales al cerebro para evitar el agotamiento y cansancio intelectual.

Empezar el día de estudio con un buen desayuno es la mejor opción siempre que nuestro desayuno sea completo; es decir, nos aporte lácteos (mejor desnatados), cereales (mejor integrales) y una ración de fruta o zumo natural.

Distribuir las comidas en 5 tomas al día es la mejor forma de mantener a nuestro organismo saciado y alejarnos del picoteo que, por lo general, suelen ser alimentos dulces o salados (hipercaloricos).

Incluir mucha verdura, proteínas (carnes blancas, pescados blancos y azules y legumbres principalmente) y cereales (pasta, arroz, pan,…) en nuestras comidas principales como fuente de energía para el rendimiento intelectual. Y entre horas las frutas y los lácteos desnatados. También es aconsejable acompañar nuestros platos con unos pocos frutos secos (nueces, almendras -“no fritos”-) o como tentempié para aumentar la calidad nutricional de nuestra alimentación en épocas de exámenes.

No abusar de bebidas energéticas excitantes (café, te,…) que lo único que hacen es mantener despierto al cerebro pero no aportan nutrientes en sí.

No hay que olvidar hacer las cenas más ligeras para un buen descanso por la noche y dormir las horas recomendadas para que el cerebro descanse.

Y en la medida de lo posible, realizar actividad física que, aparte de servir de “desconexión” de los estudios nos ayudará a optimizar el rendimiento.

Tanto si tienes hijos estudiantes, como si eres tú mismo el estudiante (opositor, cursos de postgrado, etc.), tenemos a un equipo de profesionales sanitarios que te ayudarán para que tu peso y salud no se resientan.

¡Consúltanos!

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Stop Anorexia

Hábitos saludables para prevenir la anorexia y otros trastornos de la alimentación

Todos oímos hablar de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón e incluso conocemos algún caso a nuestro alrededor. Son tres de los trastornos de la conducta alimentaria más conocidos. Su origen se explica a partir de una alteración mental cuya expresión psicológica es un elevado nivel de insatisfacción personal, miedo a madurar, elevados índices de autoexigencia o ideas distorsionadas sobre el peso o la comida.

Estas patologías son cada vez más frecuentes, especialmente entre los 12 y los 24 años. El Estudio Trastornos de la conducta alimentaria en España: Revisión de estudios epidemiológicos, realizado en 2010, indica que entre el 1% y el 3% de la población adolescente y joven de ambos sexos sufre un trastorno de este tipo.

Como explica Eroski Consumer, se trata de trastornos mentales que se caracterizan por una conducta alterada tanto en la ingesta de alimentos como en el desarrollo de comportamientos que persiguen disminuir de peso y tienen repercusiones físicas y sociales. Es en las etapas iniciales de la adolescencia cuando se es más vulnerable. El papel del entorno familiar, escolar y social es entonces determinante para el desarrollo de los adolescentes y para la detección precoz de estos trastornos.

Por este motivo, según la Asociación Española de Pediatría, los centros escolares pueden ser un recurso de valor que tener en cuenta, para alumnos y padres, relacionado con la divulgación de información sobre los trastornos de conducta alimentaria y también con la actitud del profesorado y compañeros ante la sospecha de un caso, que puede ser determinante en la detección de la enfermedad. La prevención en casa se basa, sobre todo, en una adecuada relación familiar y la promoción de un ambiente que favorezca el diálogo.

Los especialistas del Hospital materno infantil Sant Joan de Déu, de Barcelona, mediante la plataforma digital FAROS, aconsejan una serie de medidas para prevenir los trastornos alimentarios en los hijos ya desde la infancia:

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El impacto de 3 magdalenas

Un estudio hecho con magdalenas muestra cómo pueden hacer ganar peso y cómo influyen sus grasas en el riesgo cardiovascular.

Un estudio ha valorado qué les sucede a los jóvenes sanos si añaden cada día, a su dieta habitual, tres magdalenas con más o menos grasas saturadas. Las magdalenas con más grasas saturadas elevaron de forma considerable los niveles del llamado “colesterol malo”, algo que no sucedió con las elaboradas con grasas insaturadas. Sin embargo, ambos tipos de magdalenas aumentaron determinados marcadores del riesgo cardiovascular e hicieron ganar peso a los voluntarios. En el siguiente artículo se repasan los principales hallazgos de esta investigación.

Grasas saturadas y riesgo cardiovascular
El riesgo cardiovascular se puede modular con la dieta. Un estudio, publicado en octubre de 2014 en la revista oficial de la Asociación Americana del Corazón, ha observado que es más desaconsejable ganar peso a base de añadir grasas saturadas que hacerlo a partir de grasas insaturadas. Aunque es una investigación pequeña y de corta duración, se suma a la amplia literatura científica que sugiere que una dieta rica en grasas saturadas puede incrementar el riesgo cardiovascular.

En el estudio, 39 voluntarios sanos y con un peso normal, que rondaban los 27 años de edad, añadieron tres magdalenas a su dieta habitual durante siete semanas, con el objetivo de incrementar su peso en un 3%. Cada magdalena contenía 240 kilocalorías, algo menos de las 290 kilocalorías que aporta una unidad grande de magdalena de pastelería, según la Tabla de Composición de Alimentos del CESNID, coordinada por el doctor Andreu Farran-Codina.

Todas las magdalenas de la investigación tenían el mismo sabor, aspecto, textura y aroma, así como las mismas calorías y azúcares. Pero no todas eran iguales: algunas se elaboraron con aceite de girasol (con predominio de grasas insaturadas), mientras que otras contenían aceite de palma, rico en grasas saturadas. Ninguno de los dos aceites era hidrogenado. Así pues, sin saberlo, un grupo de individuos tomó muffins (un tipo de bizcochos similares a las magdalenas) con muchas grasas saturadas, mientras el otro grupo ingirió magdalenas con un alto porcentaje de grasas insaturadas. Si durante el estudio los voluntarios ganaban más o menos peso de lo previsto, se retiraba o añadía una magdalena (siempre sin variar su dieta habitual o sus niveles de actividad física), para que la ganancia de peso fuera similar en ambos grupos.

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