Intralipoterapia con Aqualix

 

Entre los tratamientos médico estéticos de los acúmulos localizados de grasa, uno de los más efectivos es la introlipoterapia con Aqualix® (o Aqualyx).

 

Aqualix® es una solución acuosa con base gelatinosa, biocompatible y totalmente reabsorbible ya que es un polímero que se encuentra presente en el cuerpo humano.

 

No hablamos de un tratamiento de adelgazamiento en casos de obesidad ni de un tratamiento para la celulitis, sino de un tratamiento no quirúrgico de la adiposidad localizada, especialmente indicado para eliminar o disminuir los acúmulos de grasa en abdomen, caderas, flancos, cartucheras y rodillas.

 

Se trata de una solución inyectable que rompe la membrana celular del adipocito para que su contenido se elimine de forma natural a través del sistema linfático. Esto se consigue infiltrando el producto con una aguja muy fina directamente en el espesor del tejido adiposo (de ahí el nombre de intralipoterapia).

 

Los resultados son visibles desde la primera sesión, pero para lograr unos resultados satisfactorios son necesarias habitualmente (y siempre dependiendo de cada caso) de 2 a 4 sesiones con un intervalo entre ellas de 3-4 semanas.

 

El tratamiento debe ser efectuado por médicos entrenados en esta técnica y Clínica Nutriestética, por supuesto, es un Centro Médico Habilitado para la Intralipoterapia.

 

Amplia información o solicita Consulta de Evaluación Médica (gratuita y sin compromiso) en nuestro teléfono 941 245 219, mail: [email protected] o en nuestras instalaciones de Avda. de Colón 43, bajo (Logroño).

 

¡Te esperamos!

 

Aqualyx

Leer Más

Cuidado de tu bebé: alimentos no recomendados

 

NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, ha puesto el foco sobre la alimentación infantil. Uno de sus artículos más recientes aborda un tema de gran interés: cuáles son los alimentos desaconsejados para los bebés en el llamado “periodo de alimentación complementaria”, que comienza alrededor de los seis meses. Saber qué alimentos no conviene que tomen los niños en esta etapa de su vida nos permitirá estar más tranquilos cuando les ofrezcamos comida y, al mismo tiempo, cuidar mejor su salud. En este post enumeramos los diez alimentos que no conviene ofrecerle a un bebé menor de un año y explicamos por qué.

 
 

1. Sal

Hay estudios, como el que publicaron en junio de 2006 Heird y colaboradores, que apuntan que los bebés de entre 6 y 11 meses superan las recomendaciones de ingesta de sal en un 33%. No son buenas noticias: no conviene que los bebés tomen mucha sal, debido a que no es buena para sus riñones, por lo que se aconseja no incluirla en la dieta de los menores de un año. A partir del año se puede incluir, en pequeñas cantidades, y mejor si es “yodada”. No extraña, por tanto, que NHS Choices aconseje no añadir sal a los alimentos que elaboremos para nuestros pequeños y que no usemos cubitos de caldo o salsas, ya que a menudo contienen mucha sal. “Acuérdese de esto cuando esté cocinando para la familia, si le va a dar el mismo alimento al bebé”, indican. Es un consejo, de hecho, que beneficiará a toda la familia.

 
 

2. Azúcar

“Su bebé no necesita azúcar”. Con esta rotundidad se expresa NHS Choices. Evitar los alimentos azucarados (y, sobre todo, las bebidas azucaradas) ayudará a prevenir la caries dental, entre otras enfermedades dentales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades dentales suponen un coste para los servicios de atención sanitaria que supera al del tratamiento de enfermedades tan “caras” como las patologías cardiovasculares, el cáncer y la osteoporosis. Así que no es una cuestión menor. Si queremos endulzar los alimentos podemos usar, según NHS Choices, plátanos triturados, leche materna o (en su defecto) leche artificial (la que se ofrece a los bebés que no toman leche materna).

 
 

3. Miel

¿Damos miel a los bebés para aprovechar sus “propiedades medicinales”? Lo cierto es que, en un dictamen publicado en 2010, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no halló pruebas que sustentaran los múltiples beneficios que se suelen atribuir a la miel. No obstante, sí sabemos que su contenido en azúcar es muy similar al que encontramos en el azúcar blanco. NHS Choices considera que “la miel es un azúcar, así que evitarla también ayudará a prevenir la caries dental”.

Pero además, la miel puede contener bacterias capaces de producir toxinas en los intestinos de un bebé, que conducirían al botulismo, una enfermedad muy grave. El Comité Científico de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) coincide con la anterior postura, al indicar que “los métodos de procesado no pueden garantizar la ausencia de esporas de C. botulinum en la miel ni en algunas infusiones de especies vegetales”, por lo que recomienda “evitar su consumo en niños menores de doce meses. La inclusión de esta información en el etiquetado de los productos podría contribuir a disminuir la incidencia de la enfermedad”.

 
 

4. Frutos secos enteros

Pese a que los frutos secos son muy saludables, si están enteros pueden causar un ahogamiento en bebés o niños pequeños. NHS Choices los desaconseja a los menores de cinco años. Hay otras entidades que sitúan la franja de edad en la que pueden incluirse los frutos secos enteros a partir de los tres, pero todas coinciden en que cuando se ofrezcan estos alimentos, debe ser siempre bajo la vigilancia de un adulto. Conviene visitar esta página web, en la que el portal MedlinePlus explica de forma detallada cómo actuar cuando un menor de un año se ahoga con un alimento o con un objeto.

 
 

5. Alimentos desnatados o bajos en grasa

Es recomendable que los bebés crezcan, no que “adelgacen”, por lo que se desaconseja incluir en su dieta las variedades bajas en grasa. La grasa es una fuente importante de calorías, importantísimas en esta edad, y además les suelen acompañar algunas vitaminas (denominadas “liposolubles”), como la vitamina D. NHS Choices, por tanto, considera que es mejor que los bebés y niños mayores de un año tomen leche (pero no en sustitución de la leche materna, que es muchísimo más saludable), yogur o queso (en pequeñas cantidades, por su alto contenido en sal), siempre en sus variedades “enteras”.

 
 

6. Ciertos pescados y mariscos

NHS Choices desaconseja, en bebés, el tiburón, el pez espada o el marlin (los marlines son peces perciformes, relativamente cercanos al pez espada), porque su cantidad de mercurio puede afectar el creciente sistema nervioso del bebé. En España, el Ministerio de Sanidad también desaconseja, en menores de tres años, el pez espada, el tiburón, el lucio o el atún rojo, por su alto contenido en mercurio. El mercurio proviene de la contaminación medioambiental y los peces lo acumulan a lo largo de su vida, en especial, las especies de gran tamaño, como los grandes depredadores.

 

Nuestro Ministerio también aconseja no consumir de manera habitual crustáceos tipo cangrejo o la cabeza de cualquier crustáceo (gambas, langostinos o cigalas), cuyos niveles de cadmio son altos. El cadmio es otro metal pesado, que tiende a acumularse en el organismo, sobre todo en el hígado y en el riñón, y cuya alta ingesta puede causar disfunción renal y desmineralización de los huesos, entre otros desórdenes.

 
 

7. Alimentos de origen animal crudos o poco hechos

El pescado, los huevos o los cárnicos crudos pueden generar toxiinfecciones graves en bebés, por lo que en ellos están del todo desaconsejados. Tampoco convienen en adultos, por motivos de seguridad alimentaria.

 
 

8. Espinacas, acelgas y borrajas (en función de la dosis)

Conviene vigilar la cantidad de espinacas, acelgas y borrajas que le damos a los bebés, tal como aconseja el Ministerio de Sanidad. Los nitratos, que se encuentran de manera natural en los vegetales (sobre todo en las hortalizas de hoja verde, como las espinacas), se convierten en nitritos en nuestro organismo. Estos, en altas concentraciones y en bebés o niños pequeños, pueden originar metahemoglobinemia, cuyo signo más característico es la cianosis (coloración azulada de la piel o de las membranas mucosas, que suele deberse a la falta de oxígeno en la sangre). Sobre esta cuestión profundiza el artículo ‘Espinacas, acelgas y borrajas: ¿por qué limitar su consumo en bebés?’, publicado en EROSKI CONSUMER en mayo de 2013.

 
 

9. Algas y bebidas de arroz

Las algas pueden contener altísimas cantidades de yodo, algo que puede ser perjudicial para la salud infantil (y adulta). Aunque, en general, las algas presentan un notable contenido de determinados nutrientes, también contienen cantidades alarmantes de este mineral.

En cuanto a las bebidas de arroz, se desaconseja su consumo en niños porque contienen niveles elevados de arsénico. Se puede hallar arsénico en muchos alimentos y bebidas, pero los niveles de este metaloide en el arroz pueden ser preocupantes en lactantes y niños pequeños, ya que el arroz es muy utilizado en el periodo de alimentación complementaria. Tal como se indica en el artículo ‘Bebidas de arroz, a debate’, conviene que bebés y niños pequeños eviten las bebidas de arroz por esta razón, según aconseja el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN).

 
 

10. Alimentos superfluos

NHS Choices aconseja no dar a los bebés alimentos superfluos como patatas chips, pasteles, bollería, etc. Por desgracia, los niños españoles cada vez los toman más a menudo. De hecho, se suele pensar que la galleta María es un alimento recomendable para los bebés, cuando no es así.

 

Fuente: EROSKI CONSUMER.

 

Un toque de sabor a tus platos

 

Hasta la receta más sencilla puede vestirse de gala con una rica salsa o un aderezo original. Este toque final es un detalle muy importante. De hecho, en la cocina, la terminación de gran cantidad de recetas consiste en realzar su sabor, textura o color al añadir una salsa o un aderezo determinados. Opciones hay muchas y, en este apartado, tenemos la estupenda posibilidad de crear, experimentar e innovar. Las hierbas aromáticas y las especias, los aceites y los lácteos son algunos ingredientes fundamentales para transformar un plato en un manjar que sorprenda a los comensales. En este port reseñamos algunas ideas para probar… y repetir.

 

Hay distintos tipos de salsas y aderezos, aunque se pueden clasificar en dos grandes grupos: las salsas emulsionadas y las salsas cremosas. Las salsas emulsionadas son aquellas que se componen de un elemento graso (como aceite o mantequilla) y que, mediante el batido, conseguimos ligarla a otro elemento líquido (como huevo, vinagre o leche). Las salsas cremosas se basan en un elemento denso (como la nata o el queso) que se combina con otros ingredientes para realzar su sabor. En ambos casos, a partir de una salsa principal, es posible preparar diversas salsas derivadas que nos aportarán diferentes sabores y texturas a los platos.

 
 

SALSAS EMULSIONADAS
La principal salsa en este grupo es, sin duda, la vinagreta. Su fórmula básica se compone de 3 cucharadas de aceite, 1 cucharada de vinagre y una pizca de sal. Se bate con un tenedor hasta formar una crema densa y ya está lista para ser usada. Es una salsa emulsionada pero inestable, porque cuando la dejamos reposar pierde la consistencia y el aceite y el vinagre se separan. Por ello, debemos batir justo antes de utilizar.

 

La vinagreta, incluso en su versión más básica, admite diversos matices. Podemos probar con diferentes tipos de aceite (oliva virgen, girasol o semillas), con vinagres distintos (de vino blanco, de vino tinto, Pedro Ximenez, de frambuesa o de manzana) o sustituir el vinagre por el ácido de una fruta (limón, lima, pomelo, naranja o piña). Cada una de estas combinaciones nos darán como resultado unas vinagretas singulares y variadas.

 

Pero también podemos elaborar salsas derivadas de la vinagreta original. Utilizamos para ello la misma proporción de la salsa clásica (tres partes de aceite por una parte de vinagre o de zumo de una fruta ácida) y luego añadimos otros ingredientes que infunden nuevos sabores, colores y aromas. Tres ejemplos:

 

· Salsa ravigote: Vinagreta más pepinillo, huevo duro, alcaparra, cebolla y perejil.
· Vinagreta francesa: vinagreta más mostaza, pimienta molida y unas gotas de salsa Perrins.
· Mojo picón: vinagreta más ajo, comino tostado, pimentón dulce y pimiento morrón.

 
 

SALSAS CREMOSAS
En este grupo, una salsa fundamental en la cocina es la mayonesa. Para prepararla, batimos un huevo en el vaso de la batidora, con una pizca de sal y unas gotas de vinagre. Según batimos, agregamos poco a poco un hilillo de aceite de girasol y un toque de aceite de oliva, hasta que se emulsione y quede cremosa. Ponemos a punto de sal y listo.

 

Si queremos hacer una “lactonesa” (esto es, una mayonesa con leche en lugar de huevo), mezclamos un vasito de leche a temperatura ambiente, con una pizca de sal y el zumo de limón. Batimos con la batidora eléctrica y agregamos a chorro fino el aceite de girasol y un poquito de aceite de oliva hasta conseguir una salsa similar a la mayonesa. También podemos sustituir la leche por yogur natural. Esta lactonesa la podemos aromatizar con mostaza, curry o pimienta, o bien darle sabores distintos con zumos de frutas o de verduras licuadas.

Tanto la mayonesa como la lactonesa nos brindan la posibilidad de elaborar numerosas salsas derivadas muy gustosas y hasta divertidas. Algunos ejemplos:

 

· Salsa tártara: mayonesa con alcaparras, pepinillos, perejil y clara de huevo picada.
· Salsa rosa o salsa cóctel: mayonesa con ketchup, un toque de salsa Perrins, unas gotas de coñac y nata para suavizar.
· Salsa rusa: mayonesa, mostaza, caviar y salsa Perrins.
· Salsa andaluza: mayonesa, puré de tomate y pimientos rojos.
· Salsa cremosa verde: mayonesa con puré de espinacas, berros y una pizca de perejil.
· Salsa Chantilly: mayonesa con crema de nata montada.
· Salsa Remoulade: mayonesa con mostaza Dijón, pepinillo, alcaparras y puré de anchoas.
· Salsa remolacha: mayonesa con una pizca de puré de remolacha. Nos da como resultado un puré rosa muy vistoso. Si se prefiere, esta salsa se puede elaborar como la lactonesa, pero se sustituye la leche de vaca por leche de soja, de manera que sea apta para vegetarianos.

 
Y a chuparse los dedos…

sauces palette

FUENTE: EROSKI CONSUMER

Leer Más

Enfermedades, nutrición y ejercicio

 

Ahora que acaban las fiestas navideñas, muchas personas optan por la actividad física como una opción para recuperar la figura y mejorar su salud.

 

Existen problemáticas en las que una adecuada combinación de actividad física y alimentación pueden conseguir resultados espectaculares para nuestra salud, como es el caso de la obesidad, tabaquismo, diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, de columna, etc. En estos casos, el ejercicio y una adecuada alimentación se convierten en un pilar importante y necesario para la recuperación de cada una de estas enfermedades.

 

La práctica de ejercicio físico es altamente recomendable, y más aún con una adecuada reeeducación alimentaria, pues no sólo se produce una reducción de las presiones arteriales, sino que también tiene un efecto beneficioso sobre otros factores de riesgo cardiovascular. Sea cual sea tu edad, hacer regularmente ejercicio físico moderado y una alimentación cuidada son hábitos saludables que te reportarán beneficios a lo largo de toda la vida.

 

En nutrición, al igual que con la actividad física, no existe el “todo o nada”: existe un término medio más realista que supone un claro beneficio para la salud sin provocar el desánimo ante dietas estrictas o entrenamientos exigentes y rígidos. Especialmente hoy en día, donde encontramos un alto índice de sedentarismo y poca conciencia de practicar algún deporte.

 

No hay que comenzar a cuidar nuestra alimentación o realizar actividad física por prescripción médica o ante una enfermedad: como siempre, lo mejor es prevenir. Cuando antes nos acostumbremos a una alimentación adecuada, ayudada por una actividad física moderada y acorde a nuestras circunstancias, los beneficios a medio y largo plazo en nuestra salud van a ser más que visibles.

 

En Clínica Nutriestética te asesoraremos y ayudaremos para adquirir unos hábitos de alimentación saludables, acordes a tu ritmo de vida. O bien te ayudaremos si practicas algún deporte de forma habitual y quieres conseguir mejores resultados a través de una reeducación alimentaria.

 
 

nutricion_dietetica_deportiva

Leer Más

Plasma Enriquecido o Factores de Crecimiento

 

Últimamente hemos tenido varias consultas con relación a los Factores de Crecimiento, y hemos considerado oportuno explicar y clarificar en qué se diferencian del Plasma Rico en Plaquetas.

 

El envejecimiento es un proceso complejo que conlleva cambios que se manifiestan a nivel celular, histológico y anatómico, siendo el envejecimiento cutáneo una de las manifestaciones más evidentes del mismo, disminuyendo el grosor de la piel y su capacidad de renovación y reparación.

 

El tratamiento con Plasma Rico en Factores de Crecimiento es una de las últimas novedades en medicina estética para tratar el envejecimiento facial. Consiste en un nuevo procedimiento que permite separar y utilizar los Factores de Crecimiento (sustancias bioestimulantes) del plasma del propio paciente, y tiene como finalidad potenciar, estimular y acelerar la regeneración de los tejidos.

 

Aunque se tiende a hablar indistintamente de Plasma Rico en Plaquetas (PRP) y de Factores de Crecimiento, no son exactamente lo mismo, ya que los Factores de Crecimiento son proteínas que regulan funciones esenciales para la regeneración, remodelación y reparación de los tejidos. Se caracterizan por ejercer su función sobre las células estimulando su proliferación, migración y supervivencia. Son moléculas que funcionan como principios activos naturales, promoviendo la regeneración y el rejuvenecimiento de la piel a través de la estimulación de las células sobre las que actúan.

 

En Clínica Nutriestética hemos optado por Regennia®, un tratamiento de regeneración cutánea basado en un concentrado de Factores de Crecimiento autólogo, estéril, acelular (sin plaquetas) y libre de endotoxinas obtenido a partir de la sangre del paciente. A diferencia de otros tratamientos de similares características, Regennia® se elabora en laboratorio, dentro de salas blancas y en condiciones controladas.

 

A partir de una única extracción de sangre se obtiene el producto necesario para varias sesiones en las que, a través de pequeñas microinyecciones, estas proteínas liberadas por las propias plaquetas se infiltran en la piel de la cara, el cuello y escote para activar y acelerar la regeneración de los tejidos, aumentando de este modo la luminosidad, suavidad y espesor de la piel y retrasando los efectos del proceso de envejecimiento.

Este tratamiento no es un relleno de arrugas. Su objetivo es realizar una bioestimulación cutánea para restaurar la vitalidad cutánea, aumentar el grosor de la piel y recuperar la consistencia elástica mejorando así la textura y luminosidad de la piel. En definitiva, dar a la piel un aspecto más joven y luminoso.

 

Al ser un tratamiento de bioestimulación, los resultados no son inmediatos y se empiezan a observar progresivamente a partir del primer mes del comienzo del tratamiento.

 

Este procedimiento se puede administrar para prevenir y retrasar el proceso de envejecimiento facial a partir de los 35 años de edad, y para corregir y regenerar de los 45 años de edad en adelante.

 

En Clínica Nutriestética, estudiaremos tu caso mediante una Consulta de Evaluación Médica (gratuita y sin compromiso) y te recomendaremos el tratamiento que mejor se adapte a tu caso.

 

Pide información sin compromiso en el teléfono 941 245 219, mail: [email protected] o visitando nuestras instalaciones de Avda. de Colón 43, bajo (Logroño).

 
 

Factores Crecimiento

Leer Más