Un tsunami llamado “obesidad”…

En 1980 había en el mundo 857 millones de personas con exceso de peso. Hoy la cifra asciende a unos 2.100 millones, casi un tercio de la población. El número de varones con sobrepeso u obesidad ha pasado de un 28,8% a un 36,9%. Entre las mujeres ha sucedido algo similar: el 29,8% que se observaba en 1980 ascendió a un 38% en 2013. Estos son los principales resultados de una extensa investigación publicada en la revista Lancet, donde se valora el avance de la obesidad en los últimos 33 años en 188 países, incluida España. No son datos nuevos e inesperados. Sí lo es que ningún país haya conseguido frenar ni revertir la tendencia. El siguiente artículo profundiza en esta situación.
 
Tsunami de obesidad

En febrero de 2011, la doctora Sonia Anand y el doctor Salim Yusuf, también en la revista Lancet publicaban la siguiente reflexión: “El tsunami de la obesidad afectará, a la larga, a todas las regiones del mundo”. Solo tres años después ya tenemos datos que confirman la predicción de estos investigadores pertenecientes a la Universidad McMaster en Canadá.
 
En España, el 62,3% de los hombres y el 46,5% de las mujeres tienen exceso de peso
¿Por qué escogieron la palabra “tsunami”? ¿Acaso es tan demoledor el efecto de la obesidad sobre la salud de la población? Sí lo es: el exceso de peso es una epidemia que incrementa el riesgo de padecer una larga lista de dolencias, algunas muy conocidas, como la diabetes tipo 2, el cáncer o la enfermedad cardiovascular, y otras no tanto, como las enfermedades renales, la osteoartritis o los problemas en el embarazo (para la madre y para el feto). Se calcula que este “tsunami” fue responsable, en 2010, de 3,4 millones de muertes (la mayor parte, por enfermedades cardiovasculares).
 
Estados Unidos es el país con más porcentaje de personas con obesidad (el 13% de personas con este problema son estadounidenses). De hecho, solo tres países suman la mitad de la población con obesidad en el mundo: Estados Unidos, Brasil y México. En España, la prevalencia de sobrepeso y obesidad en menores de 20 años asciende a un 27% de los varones y a un 23,8% de las chicas. En adultos, la cifra es bastante superior: un 62,3% de los hombres y un 46,5% en mujeres padecen exceso de peso.
 
Ningún país pone freno al avance de la obesidad

Hoy sabemos que Anand y Yusuf tenían razón en 2011, pero también tenemos constancia de que ningún país ha conseguido reducir sus tasas de obesidad en 33 años. Peores aún son los augurios del doctor Christopher J.L. Murray, uno de los principales firmantes del estudio, y director del Instituto para la Métrica y Evaluación Sanitaria (Universidad de Washington en Seattle). Murray considera que la obesidad seguirá en aumento de forma constante a medida que aumenten los ingresos de los países de bajos y medianos ingresos. Solo existe, en su opinión, una vía de escape: tomar medidas urgentes “para abordar esta crisis de salud pública”.
 
Existe un dato positivo, según la investigación: la epidemia parece ralentizarse entre los adultos de los países desarrollados. Esta buena noticia, sin embargo, se debilita al conocer otra nada halagüeña: el incremento del exceso de peso en niños y adolescentes avanza sin visos de mejora.
 
Obesidad en niños, incremento de un 50%

Más grave aún es lo que ha ocurrido con el sobrepeso en los menores de edad en estos años. En países desarrollados se ha pasado del 16,9% al 23,8% en niños, y del 16,2% al 23,8% en niñas. La tasa de pequeños con sobrepeso u obesidad ha aumentado en el mundo casi un 50% entre 1980 y 2013, según el nuevo estudio publicado en Lancet. En una entrevista, la doctora Marie N.G., primera firmante de la investigación, subrayó que la obesidad infantil acarrea graves efectos en la salud en el futuro, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y varios tipos de cáncer. “Debemos pensar ahora cómo revertir esta tendencia”, señaló.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) no solo quiere revertir la tendencia, quiere “acabar” con ella. En mayo de 2014, presentó su ‘Plan de acción de la Comisión para acabar con la obesidad infantil’. Esta estrategia redactará las líneas maestras para abordar esta cuestión. A principios de 2015 estará listo el informe que sustentará las recomendaciones de la Asamblea Mundial de la Salud.
 
Si la OMS está alarmada por esta situación, no lo está menos su directora general, la doctora Margaret Chan. La cuenta de Twitter de la OMS recogía estas recientes declaraciones de su directora: “Estoy profundamente preocupada por el aumento en la prevalencia de obesidad infantil en todas las regiones del mundo”.
 
¿Por qué este aumento imparable de obesidad?

El artículo detalla que el aumento del sobrepeso y la obesidad ha sido “sustancial, generalizado y se ha producido en un corto periodo”. Resulta difícil dilucidar por qué se ha generado esta situación, ya que es multifactorial. En todo caso, los investigadores del estudio recién publicado señalan cuatro factores importantes:

1. La excesiva ingesta de calorías.
2. La inactividad física.
3. La falta de estrategias efectivas por parte de los países para frenar esta epidemia.
4. La promoción activa del consumo de alimentos por parte de la industria alimentaria.
La doctora Chan coincide con este último punto, al considerar que “el aumento en la prevalencia de obesidad se debe, presumiblemente, a la cada vez mayor disponibilidad de alimentos muy palatables y muy ricos en energía”.
 
Posibles soluciones al problema de la obesidad

Diversas agencias internacionales se han puesto de acuerdo para enfrentarse a este problema, tal y como detallaron Gortmaker y colaboradores en una interesante investigación publicada en 2011 en la revista Lancet. Así que existen esperanzas.
 
Estos nuevos datos ayudan a comprender la magnitud del problema y es muy posible que contribuyan a despertar el interés de sectores políticos que antes se escudaban en la falta de datos. Hoy por hoy, se deben implementar sin falta todas las medidas correctivas necesarias para frenar la pandemia de obesidad en el mundo. En las próximas décadas, este abordaje debe formar parte de la política de salud pública de todos los países. Una política que no debe olvidar el papel de los y las dietistas-nutricionistas, tal y como justificó el documento ‘Incorporación del dietista-nutricionista en el Sistema Nacional de Salud’.
 
Sin embargo, flota en el aire una pregunta difícil de responder. La ha planteado el profesor Klim McPherson justo después de publicarse el estudio de Marie NG y colaboradores. ¿Existirá una voluntad internacional para actuar de forma decisiva contra la obesidad, si ello restringirá el crecimiento económico? McPherson detalla que para reducir el peso de los británicos a las cifras de 1980 haría falta una disminución de la ingesta calórica de un 8% en toda la población, lo que generaría unas pérdidas de 8.700 millones de libras anuales por parte de la industria alimentaria. Un paso complicado en nuestro competitivo mundo.
 
Mientras tanto, no debemos olvidar el papel que desempeñamos nosotros mismos como timoneles de nuestra salud. Seguir unos buenos hábitos de vida y esquivar las tentaciones que nos invitan al sedentarismo, a la ingesta excesiva y desequilibrada, al tabaquismo o al alcoholismo, no es solo responsabilidad del entorno, también es responsabilidad personal.
 
Fuente: Eroski Consumer.

Autor: Julio Basulto.
 

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Alimentación y celulitis, ¿están relacionadas?

 
Qué es la celulitis

El diccionario (tesauro) de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos define la celulitis como “una inflamación aguda, difusa y supurativa de tejido conectivo laxo, en particular los tejidos subcutáneos profundos, y a veces musculares, que se observa con más frecuencia como resultado de la infección de una herida, úlcera u otras lesiones de la piel”. Así pues, lo que el ciudadano medio conoce como “celulitis” no refleja la definición real de la palabra.
 
No obstante, la Real Academia Española (RAE) permite usar la palabra en el ámbito coloquial, si se hace referencia a la acumulación de grasa en ciertas partes del cuerpo, justo debajo de la piel. Diversos investigadores, en todo caso, coinciden en definir la celulitis como una alteración metabólica del tejido que hay debajo de la piel, que cambia la forma del cuerpo, además de dar una apariencia a la piel como de cáscara de naranja o de queso cottage. Afecta sobre todo a las mujeres y se suele localizar en los muslos o en las nalgas.
 
 
Dietas, alimentos o suplementos para combatir la celulitis

En el terreno de la dietética abundan propuestas que sugieren realizar cambios en la alimentación para abordar la celulitis. También hay alimentos, “plantas medicinales”, “quemagrasas” o suplementos nutricionales a los que se les atribuye la fantástica capacidad de eliminar de forma localizada la grasa acumulada en diferentes partes del cuerpo. Nada de ello tiene sustento científico, tal y como detalló en diciembre de 2004 el doctor Mathew Avram en la publicación oficial de la Sociedad Europea de Dermatología Laser (Journal of cosmetic and laser therapy).
 
Hacer ejercicio, abandonar el tabaco y seguir una dieta saludable pueden prevenir la celulitis o frenar su avance
 
Muchas personas confunden el exceso de peso corporal (que supone un claro riesgo para la salud a largo plazo) con la celulitis. Es importante destacar que la obesidad no causa la celulitis: numerosas mujeres delgadas la presentan, mientras que solo se observa en muy pocos varones con obesidad. Sea como fuere, aunque no es necesario que la persona padezca obesidad para que exista celulitis, tanto el sedentarismo como el incremento de peso agravan el cuadro. A ello hay que sumar el efecto negativo de fumar o beber alcohol. Por tanto, tiene sentido hacer ejercicio y prevenir la obesidad, si se quiere evitar que aflore la celulitis o que empeore la ya existente. Diversos motivos explican por qué el sedentarismo agrava la celulitis, pero destacan dos:
1. Disminuye la masa muscular y aumenta la masa grasa.
2. Aumenta la flacidez de los tendones y músculos.
 
Ambas situaciones conducen a una menor eficiencia en el mecanismo de bombeo de sangre por parte de las extremidades inferiores, lo que aumenta las posibilidades de padecer celulitis.
 
Es posible que disminuir el peso corporal o realizar ejercicio físico mejoren la celulitis cuando está instaurada, pero no hay estudios bien diseñados que prueben que ello sea la solución (una cosa es prevenir una dolencia y otra muy distinta tratarla). De todas maneras, dado que la pérdida de peso disminuye la aparición de la celulitis (aunque no altera las razones fisiológicas que la causan), el primer paso para tratar esta dolencia es incrementar el ejercicio y seguir una dieta saludable, según Avram. Otros consejos para tener en cuenta son:
· No usar a menudo zapatos de tacón alto.
· Evitar el uso de prendas de ropa ajustadas.
· No pasar largos periodos en una misma posición.
 
La celulitis afecta a 9 de cada 10 mujeres, que muchas veces intentan combatirla con dietas, métodos o suplementos ineficaces
 
Más que los muslos o las caderas, la celulitis invade las revistas de moda desde hace décadas, hasta el punto de que es extraño no hallar dicha palabra al pasar la vista por cualquier kiosco. Dado que hay datos que señalan que esta condición afecta a entre el 85% y el 98% de mujeres de todas las razas, se trata de una cuestión que debe abordarse con rigor, para evitar caer en las redes que pueden tendernos los muchos falsos gurús que abundan en el terreno de los tratamientos dietéticos sin fundamento. En este artículo se explica qué es la celulitis y cuál es la eficacia de ciertas dietas, alimentos o tratamientos para combatirla.
 
 
Celulitis: una amplia gama de tratamientos poco útiles

La gama de promesas para tratar la celulitis no acaba en los suplementos nutricionales o en las dietas milagro: se encuentran técnicas no invasivas (productos cosméticos, masajes manuales o mecánicos e incluso prendas de vestir), y también invasivas, tales como la liposucción. Así, muchos profesionales pueden intentar abordar la celulitis: cirujanos, masajistas, dietistas y, también, terapeutas alternativos. En 2011, Hexsel y Soirefmann, revisaron la eficacia de los tratamientos cosméticos o médicos para la celulitis. Su investigación, publicada en la revista Seminars in cutaneous medicine and surgery, concluyó que hay pocas evidencias clínicas que muestren mejoras constatables. Añaden un dato demoledor: ningún tratamiento ha mostrado ser capaz de resolver la celulitis.
 
Más reciente es una revisión sistemática de la literatura científica que ha querido averiguar si las conocidas cremas anticelulíticas son útiles. La ha llevado a cabo un equipo de investigadores italianos, que ha publicado sus resultados en enero de 2014 en la revista Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology. El estudio ha concluido que estas cremas presentan una eficacia “moderada”. Para ser más exactos, la reducción en la circunferencia del muslo tras usarlas se sitúa en los 0,46 centímetros, es decir, una disminución de menos de medio centímetro en el perímetro de los muslos. Algo para tener muy en cuenta antes de gastar tiempo, esperanzas y dinero en ellas.
 
Fuente: Eroski Consumer.

Autor: Julio Basulto.

 

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Niños y la Dieta Mediterránea

Un estudio llevado a cabo por expertos de ocho países europeos y dirigidos por el investigador Gianluca Tognon de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), concluye que una alimentación más en consonancia con la dieta mediterránea hace que los niños tengan un 15% menos probabilidades de tener sobrepeso u obesidad que aquellos que siguen otro tipo de dieta u alimentación.
 
Los investigadores analizaron los datos del estudio IDEFICS (identificación y prevención de los efectos sobre la salud de la dieta y el estilo de vida en niños y lactantes), tomando como parámetros el peso, la altura, la circunferencia de la cintura y el porcentaje de grasa corporal (IMC). Los padres de los niños también tuvieron que responder a un cuestionario sobre alimentación.
 
Gracias a la comparativa de todo el volumen de datos, los investigadores detectaron que los niños con alto índice de adhesión a una dieta similar a la mediterránea eran un 15% menos propensos a tener sobrepeso u obesidad que los que seguían una alimentación diferente a la mediterránea. Este resultado, además, no se veía influenciado ni por la edad, el sexo, el país de residencia o el nivel socioeconómico de la familia.
 
“La promoción de un patrón de dieta mediterránea ya no es una característica de los países mediterráneos. Teniendo en cuenta sus potenciales efectos beneficiosos en la prevención de la obesidad, este patrón de dieta debería ser parte de las estrategias de prevención de la obesidad de la Unión Europea y su promoción debería ser especialmente intensa en los países en los que se detectan bajos niveles de adherencia”, afirma Gianluca Tognon, líder del estudio.
 
Y es que la Dieta Mediterránea, tiene características que la hacen única, como por ejemplo:
 
1. La dieta mediterránea está incluida en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Su candidatura fue presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos.
 
2. Tomar una copita de vino tinto diaria tiene numerosos efectos beneficiosos sobre nuestro organismo. Su acción se debe fundamentalmente a los polifenoles, que son utilizados por la flora intestinal para generar compuestos antioxidantes.
 
3. Los ajos, aderezo imprescindible en muchos platos de la cocina mediterránea, reducen el colesterol y los triglicéridos, combaten la hipertensión y contienen muchos nutrientes y vitaminas esenciales para nuestro organismo. Además, son depurativos, diuréticos y antioxidantes.
 
4. Cuando llega el verano, nada mejor que acompañar las comidas con una buena ensalada de productos de la huerta. Comer verduras y hortalizas regula la función intestinal y aporta una buena variedad de ingredientes que poseen mucha fibra y nutrientes esenciales.
 
5. El consumo regular de legumbres reduce la hipertensión, ayuda a prevenir el cáncer de mama y mejora el control de los niveles de azúcar en sangre.
 
6. Empezar el día con un zumo de naranja nos llena de energía y nos hace sentir de mejor humor.
 
7. Las investigaciones han demostrado que las personas que consumen tomate regularmente tienen menos riesgo de padecer derrames cerebrales.
 
8. El trigo ha sido cultivado en la Península Ibérica desde el Neolítico. Debido a eso, la dieta mediterránea se basa en gran parte en el consumo de alimentos derivados de este cereal.
 
9. Las uvas no solo sirven para hacer el vino. También ayudan a proteger la piel de los dañinos rayos ultravioleta del sol.
 
10. Uno de los clásicos en la dieta mediterránea es el aceite de oliva. Numerosas investigaciones han demostrado que combate el envejecimiento, protege el cerebro y reduce el riesgo de infarto.
 
 
Fuente: Eroski

Autor: Sarah Romero
 

Los alimentos con más fibra

 
¿Problemas para ir al baño?
Pruebe a incrementar su consumo de fibra. Y no nos referimos necesariamente a incluir en su dieta productos «enriquecidos» (galletas, yogures, leches) sino a los alimentos ricos por naturaleza en este compuesto que nos ayuda a sentirnos más «felices» con nuestra salud digestiva.
 
Los españoles comemos poca fibra, poco más la mitad de la cantidad diaria recomenda, que está entre los 25 y los 30 gramos al día. La razón es que «tomamos más proteínas e hidratos refinados, porque son más agradables al paladar; y menos frutas, verduras, legumbres y cereales, que es donde está mayoritariamente la fibra», explica a ABC Elena Pérez Montero, nutricionista del Hospital Universitario Quirón Madrid. Las legumbres, además, son ricas en antioxidantes, proteínas vegetales y no tienen grasa, a pesar de una injusta fama de que engordan.
 
Pero el consumo de fibra no solo es importante para evitar el estreñimiento. «Los estudios epidemiológicos de los últimos años han puesto de manifiesto que un aumento en la ingesta de fibra ayuda a prevenir la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares e intestinales», señala la doctora Julia Álvarez, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen). Incluso se han publicado investigaciones, recuerda la experta, que sugieren que el consumo elevado de fibra «puede disminuir el riesgo de cáncer de dependencia hormonal (mama, útero, ovarios y próstata) y de localización en el tracto digestivo (cáncer de colon y recto)».
 
 
Diferencias entre cereales
Los cereales también son una fuente importante de fibra, pero cuidado, porque no todos los productos tienen la misma proporción. Hay que mirar la etiqueta. Por ejemplo, unos cereales de desayuno con base de arroz y miel cuentan con 1 gramo de fibra por cada cien gramos de producto, muy lejos del salvado de trigo (42,8 g/100 g), al que no superan ni los cereales con fibra del supermercado (29 g/100 g), según refleja la Base de Datos Española de Composición de Alimentos.
 
Para sacarle todo el partido, hay que tomar los alimentos lo menos procesados posible. La fruta, mejor entera que en zumo, y las legumbres, con su hollejo. Pese a que la naranja pierde más de la mitad de su fibra cuando se exprime, tomar su jugo puede ser una buena manera de aumentar la ingesta de líquidos, muy importante también para favorecer el tránsito intestinal.
 
Y cuando vaya a condimentar un plato, no se olvide de la especias. Aunque son unas grandes desconocidas en este sentido, la realidad es que tienen una elevada proporción de fibra y, aunque la cantidad de producto que añadimos sea pequeña, «no es despreciable», apunta Pérez Montero.
 
Respecto a los yogures con bifidus y otros productos enriquecidos que prometen ayudarnos a ir al baño a diario, deben enmarcarse en una dieta con alimentos naturales ricos en fibra para obtener «mayores beneficios», apunta la doctora Álvarez.
 
Y este verano, cuando esté de vacaciones, no eche la culpa al «cambio de baño». Beba más agua para evitar la deshidratación, amiga, junto al sedentarismo, del estreñimiento.
 
Fuente: ABC Salud.
Autora: Cristina Garrido
 

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¿Sabes calcular tu nivel de hidratación?

La insistencia de vigilar el nivel de hidratación puede parecer demasiado recurrente, sobre todo en los meses de verano. No obstante, este es un tema tan importante que justifica ser reiterativo. Una deficiente hidratación es la responsable de numerosos ingresos hospitalarios e incluso de una considerable cifra de fallecimientos, muchos de los cuales se podrían evitar. El siguiente artículo proporciona un método para conocer si se está haciendo una correcta hidratación y explica cuánta agua se necesita y por qué no todo es agua a la hora de hidratar, además de ofrecer cinco ideas prácticas para no deshidratarse.
 
El agua, siempre a mano
Recordar que debemos beber suficiente agua a lo largo del día parece obvio y, sin embargo, el 70% de las personas reconoce que no alcanza los 2 litros que el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) recomienda beber en circunstancias normales. Muchos se escudan en que están atentos a la sed, o en que se hidratan a través de los alimentos u otros líquidos. Incluso hay quienes abogan por beber solo cuando se tiene sed. Ambas posibilidades tienen sus fundamentos, porque cada individuo tiene necesidades diferentes. Según las circunstancias de salud o enfermedad, la necesidad de agua y líquidos varía.
 
Sea como sea, es importante para evitar riesgos adquirir el hábito de tener el agua a mano, sobre todo, en circunstancias excepcionales: días con mucho calor, cuando se realiza un esfuerzo físico extraordinario, si se es una persona mayor o cuando se está convaleciente, si se ha pasado una gastroenteritis o fiebre. Sabido esto, uno mismo, sin necesidad de protagonizar un capítulo de golpe de calor, puede testar si el agua y la ingestión de líquidos que hace al cabo del día alcanzan la cantidad correcta.
 
Cómo saber si se está o no bien hidratado
Para saber si estamos bebiendo la suficiente cantidad de agua y líquidos, o si incluimos alimentos ricos en agua que garantizan una correcta hidratación, debemos vigilar la orina. Es importante comprobar que orinamos, al menos, en cuatro ocasiones desde la mañana a la noche, así como asegurarse de que el color es amarillo pálido o claro. Si la orina es amarilla ocre o más oscura, y no se están tomando vitaminas o medicamentos que la afecten, se debe aumentar la ingesta de agua en dos vasos diarios durante cinco días hasta conseguir orinar al menos en cuatro ocasiones y lograr una pérdida de color y de olor.
 
A la observación de la orina, hay que añadir la conciencia de la propia realidad. Es decir, saber que los factores de la edad, del peso, de la altura, del sexo y del tipo de vida condicionan el uso que realiza el cuerpo del agua, así como la demanda de hidratación que precisa para mantener el ritmo. Una persona muy activa, que hace mucho gasto calórico, necesita mayores cantidades de agua para estar bien hidratada; una persona que lleve una vida sedentaria, al margen de condiciones atmosféricas, precisará mucha menos.
 
Hay que tener en cuenta que el primer signo de deshidratación es la sed, pero se puede no atender esa sed y olvidar la sensación y persistir la deshidratación. Puede padecerse dolor cabeza y fatiga, ante lo que deberíamos tomar la costumbre de beber dos vasos de agua, por si acaso. Si la deshidratación es severa, o el cuerpo está más débil y acusa más la desatención, pueden presentarse capítulos de taquicardias, escalofríos, náuseas e incluso llegar al desvanecimiento. Esto, por supuesto, hay que evitarlo, pero conviene saber que puede llegarse a este extremo y tomar medidas para que no suceda.
 
Cuánta agua se necesita
La cantidad de agua depende de la persona y de sus circunstancias físicas y ambientales (edad, actividad, temperatura, etc.). Lo principal es no olvidar que hay que beber agua. Habrá quienes estén acostumbrados a tomar varios vasos al día y alcancen la mítica cifra de dos o incluso tres litros, quienes limiten su ingesta a las cinco comidas o quienes deban recordar la importancia de beber un vaso, puesto que dejan pasar las horas y no tienen sed. Todos podrán superar con éxito el test de la orina. Pero hay que tomar agua en la vida cotidiana. Un buen hábito para comenzar el día es beber un gran vaso y una pieza de fruta. Así, con ese sencillo gesto, se garantiza una buena base de hidratación.
 
Si se altera la vida habitual, el ambiente e incluso la actividad cotidiana, seguro que también se variará la necesidad corriente de agua, por ello habrá que estar atento. Y no solo de nosotros mismos, sino también de las personas dependientes que tengamos alrededor (niños y personas mayores), que tienen menos capacidad de modificar hábitos y adoptar nuevos. Lo normal es que con los cambios aumente la necesidad de ingerir líquidos, lo que es una buena excusa para incrementar el consumo de frutas, verduras y preparados refrescantes. Las sopas son un modo de tomar más líquidos con sabor, y en el verano se puede optar por ofrecer a los niños sopas frías, batidos de frutas, sopas de fruta o un gazpacho recién hecho y servido bien fresco.
 
Hidratación, no todo es agua
Que el agua no es la única fuente de hidratación se entiende mejor si se mira su anverso, la deshidratación. Se puede tener un episodio de deshidratación por una pérdida de agua o una pérdida mayor de electrolitos (sobre todo, sodio). Una deshidratación por pérdida de agua suele ser consecuencia de una insolación, un capítulo febril, un caso de gastroenteritis o la desatención a la sed. Se habrá desatendido la correcta hidratación por no haber tomado la suficiente agua ni suficientes líquidos. Pero también se puede errar en el cálculo de la hidratación sufriendo una pérdida de sales minerales y de sodio. No tiene que ocurrir, salvo si se padece gastroenteritis o se trabaja en condiciones extremas de calor o frío, o se equivoca y no se atiende la demanda de sales al efectuar ejercicio físico.
 
Cinco gestos que ayudan a hidratar
1. Empiece el día con un vaso de agua y llénese un botellín de agua. Según sus hábitos, lléveselo con usted y bébaselo a lo largo del día, o déjelo en casa y recuerde terminárselo antes de ir a la cama.
2. En verano, coma dos frutas al día, una ración de verdura cocida -como plato o guarnición- y mordiscos de verdura cruda.
3. Establezca el hábito de identificar un momento de descanso con beber un vaso de agua.
4. Elija bebidas naturales antes que las azucaradas, y las infusiones, mejor que el café.
5. Reflexione sobre la conveniencia de utilizar agua embotellada, comprar una jarra filtradora o colocar un filtro en su grifo. Tal vez de esta manera tome mayor
 
Fuente: Eroski Consumer.
Autora: Maite Zudaire.